Álvarez explicó que «cuando la gestante tiene más edad, la probabilidad de portar un feto con una cromosomopatía es mayor». «Siempre hay riesgo hereditario, pero la principal causa es la edad tardía de las mujeres embarazadas», aseveró. Asimismo, recordó que a principios de la década de 1990 el porcentaje de gestantes mayores de 30 años era «muy reducido» y ahora «cada vez es mayor el número de embarazadas de más de 35 años».
Para detectar con mayor eficacia las trisomías -presencia de tres cromosomas en lugar del par habitual- especialmente la modalidad 21, conocida como síndrome de Down, el equipo de Bioquímica del HUCA lleva a cabo desde hace dos años el Programa Combinado de Cribado de Cromosomopatías, en colaboración con los departamentos de Ginecología de todas las áreas del sistema sanitario asturiano.
«Se hacen marcadores bioquímicos en el HUCA y en cada una de las áreas del Sespa se llevan a cabo los marcadores ecográficos. Esto permite seleccionar embarazadas con un riesgo mayor del normal dentro de la población general de gestantes», explicó Álvarez. Del análisis efectuado, el jefe de Bioquímica del HUCA destacó como aspecto positivo que está implantado en toda Asturias, ya que «es la única comunidad que dispone de un programa autonómico».
Sin embargo, según el experto, es necesario optimizar el programa para conocer los motivos por los que no se han conseguido detectar algunos casos, así como incrementar su difusión. La prueba se realiza en el primer trimestre del embarazo, entre las semanas 10 y 13 de gestación.
El acceso a la prueba se ofrece a todas las gestantes asturianas con independencia de la edad y permite escoger a las embarazadas que deben someterse a un método de detección invasivo, tanto coriocentesis como amniocentesis. «Esto permite una disminución del uso de métodos invasivos para la detección y, por tanto, reducir el riesgo de aborto del 0,5% que éstos suponen», señaló Francisco Álvarez.
Métodos no invasivos
Según el experto, el método invasivo puede ser en muchos casos una barrera para hacer un diagnóstico prenatal ante la reticencia de las gestantes y por eso se está trabajando en métodos no invasivos. El objetivo es que en un futuro próximo -dos o tres años- se optimice el programa para tener el mayor porcentaje de detección de Síndrome de Down posible con el menor uso de métodos invasivos.
Con este programa se puede diagnosticar síndrome de Down también en gestantes menores de 35 años de edad, por debajo de la edad considerada de mayor riesgo. «Tras la detección, el procedimiento a seguir depende de la pareja, que tiene la opción de llevar a cabo la interrupción voluntaria del embarazo, porque está dentro de los apartados legales al respecto. Se informa a la pareja del tipo de afectación del feto y es ella la que decide si quiere seguir adelante una vez diagnosticado», reseñó.





