Con esto del clima pasa como con la arena de la playa. Los voceros del catastrofismo pronosticaban la pérdida de arena a causa de las obras de El Musel, las de antes y las de ahora, y la realidad es que hasta el último tramo del Piles, aguas arriba del puente de la desembocadura, también es ya playa. Lástima que la apariencia de la calidad del agua no invite a bañarse allí.
La evolución del clima, como el estado del tiempo, interesa y afecta a todo el mundo. En Gijón había desde 1923 un observatorio meteorológico de utilidad incuestionable. La itinerancia obligada de sus instalaciones nunca impidió la recogida de datos que aseguraban la presencia de Gijón en los espacios sobre el tiempo de los medios informativos de ámbito nacional. Hasta que la voracidad capitalina ha logrado que para el Instituto Nacional de Meteorología sea su oficina de Oviedo -creada hace unos 40 años- la referencia sobre el tiempo en Asturias. ¿A quién puede interesar si en El Cristo de las Cadenas llueve o hace sol? ¿Cómo puede suplantar esa información a la relativa a la ciudad más populosa de Asturias, con puerto y playas? La nueva postergación es un hecho. Esta vez era Gijón la que dormía la siesta.





