
De ahí que de los dos temas que interpretó ayer desde el escenario del Jovellanos, a pelo, sin más musicalidad que su propio tono, sean representativos de ambos géneros. El primero, 'Café de Madrid', con marcado acento andalúz «a mi manera», como se justificó Cheres, hablaba de Marchena y de canciones que habían de tener eco, campana y voz de mujer. Los mismos elementos que aportó la intérprete asturiana ante los gritos de «¿Bravo!» de un auditorio sorprendido por la naturalidad con que surgían los agudos sones de su garganta.
Después, para cerrar, una asturianada, 'La carbonera', en la que Cheres se sintió tan cómoda, que seguramente hubiera seguido cantando si el tiempo y el programa se lo hubieran permitido. Todo ello fue después de que Melisa Mieres le hiciera entrega del trofeo de Bravo Asturianísimo; de que Susana Mieres y José Ramón Uría le ofrecieran el de EL COMERCIO; de que Carmen Veiga hiciera lo propio con el del Ayuntamiento de Gijón y de que la Asociación de Vecinos de San Martín de Huerces, cuna de Mercedes Canal, y la Asociación de Intérpretes de Canción Asturiana le hicieran presente su cariño y admiración.
Pero no todo fue alegre ayer. Nada más dar comienzo el certamen de promoción artística y solidaridad patrocinado por EL COMERCIO, su director, Gonzalo Mieres, hizo un emocionado recordatorio de Tomas Fernández López, tenor de la Polifónica Gijonesa 'Anselmo Solar' a quien sus numerosos amigos habían despedido el día anterior. En un marco en el que las corales asturianas viven numerosos momentos de gloria, Tomás Fernández López tuvo su propia despedida.
Pero sólo fue un pequeño paréntesis de homenaje póstumo. Después, tangos, boleros, escenas cómicas y un derroche de vocación artística inundó el teatro Jovellanos durante más de dos horas de actuaciones.





