Ha sido una actuación «menor», con una inversión de 182.000 euros, que ha incluido no sólo la construcción de La Cantábrica, sino también la rehabilitación del viejo acceso desde el Cerro de Santa Catalina, donde se han adecentado las escaleras ya existentes, a las que se ha dotado de seguridad. Ese acceso es el único con una estética distinta en todo El Muro, ya que los escalones están tallados en la roca y complementados con traviesas de ferrocarril.
Respecto a la escalera 0, bautizada La Cantábrica por expresa petición de la alcaldesa y tras el obligado debate ciudadano, mantiene la misma estética que los otros 24 accesos existentes en el paseo. Accesos a los que se une con el número 0 ya que, según explicó Ramón Galán, jefe de la Demarcación de Costas en Asturias, «no íbamos a renumerarlas todas». Con todo, defendió Galán, se tratará de un acceso «de gran utilidad en verano, cuando haya mar en calma». No era el caso de ayer. Y defendió la ejecución del trabajo realizado por la empresa Ayora Puertos y Obras.
Junto a los políticos estuvo también el párroco de San Pedro, que, aunque no ha visto cómo su parroquia daba nombre a la escalera, participó en la visita. Y es que, dijo Felgueroso, «La Cantábrica fue el nombre con más peticiones y que refleja la realidad de lo que fue la zona, un nombre con mucho arraigo en Cimadevilla, desde donde insistieron mucho en ello». Felgueroso aprovechó la ocasión para agradecer a la Delegación del Gobierno «el esfuerzo realizado en los últimos años en Gijón para que la ciudad pudiera recuperar el contacto con el mar».





