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Romanticismo y comedia en escena
Calurosa acogida de la zarzuela 'La bruja' en el Teatro Campoamor que disfrutó con la obra de Ruperto Chapí
05.03.08 -

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Romanticismo y comedia en escena
EN ESCENA. Un momento de la representación de 'La bruja' en el Campoamor. / JESÚS DÍAZ
Frente a 'La revoltosa', género chico por antonomasia a cuya representación asistimos el mes pasado, 'La bruja' es 'zarzuela grande' en tres actos. Tanto por la duración, por los medios escenográficos, por el tratamiento orquestal, firmemente entrelazado con la acción, por el protagonismo coral y por las variadas situaciones que plantea el texto. Sobre un libro de Ramos Carrión, completado con gracia no exenta de cierta incongruencia por el asturiano Vital Aza, el compositor crea una partitura a medio camino entre la mejor ópera romántica y la más genuina zarzuela.

La acción de 'La bruja' se sitúa en el reinado de Carlos II, en tierras navarras. La historia entremezcla el amor, la brujería, la Inquisición y la burla de las supersticiones. El argumento fusiona elementos de las brujas de Zugarramundi y de historias como 'la Bella y la Bestia', en adaptación hispana. La puesta en escena dirigida por Luis Olmos resalta este carácter fantástico, como de cuento, contenido en la obra, pero al mismo tiempo se combina con una imagen con cierto realismo, como si las escenas estuvieran sacadas de un cuadro de Velázquez.

'La bruja' refleja la maestría de Chapí al sintetizar diversas influencias musicales, principalmente de Verdi en algunos cantabiles, de Wagner en el tratamiento orquestal, de la ópera bufa, en los personajes de Tomillo y Rosalía, y de la música popular española, española, tanto en la pintoresca plasticidad coreográfica como en la adaptación de romances, jotas, zortzikos, y otros aires populares de la partitura. La orquesta es uno de los pilares interpretativos de la obra. El maestro Pérez Sierra realiza con la Orquesta Oviedo Filarmonía una lectura cuidada, precisa en los vientos y bien coloreada.

Los coros protagonizan algunos de los números más brillantes, desde el coro de las hilanderas, sumidas en una luz de claroscuro barroco, hasta el estupendo zortziko de los pelotaris.

El número quizá más brillante de la zarzuela, al final del primer acto, contó con la participación del Grupo de Cuerda Pulsada Laudare, que acompañó a José Bros en la interpretación de la famosa jota. Con una voz muy lírica, cantó con mucha expresividad en un papel que no da para grandes lucimientos, salvo en momentos concretos como el de la jota.

Entre los protagonistas, Ana Ibarra, con una voz tirando a mezzo, estuvo correcta con una vocalización buena en el papel de Blanca. Mientras, Carmen Belloch desempeña con gracia su rol de superiora del convento. Susana Cordón es una Rosalía correcta, simpática, al igual que su pareja, el tenor santanderino Julio Morales, en el papel de Tomillo. Francisco Santiago encarna con contundencia el papel de Inquisidor.

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