
El personal de BTP todavía no se ha recuperado de lo que ha supuesto para ellos la campaña electoral, la octava en la que trabajan. «En elecciones se olvida uno hasta de la familia», sentencia Carmen Valledor, gerente de la firma gijonesa.
Envíos a la carta
La firma gijonesa tuvo a su cargo la distribución de tres millones de correos con las papeletas y propaganda de los partidos. «Contratamos a 100 personas para poder trabajar a tres turnos y realizar los envíos a tiempo», dice . Es la única empresa de la región con capacidad para realizar el proceso de forma totalmente mecánica. Las tres máquinas que tiene instaladas en su nave del polígono de Bankunión, en Tremañes, elaboran un total de 11.250 sobres completos cada hora.
El 'mailing' electoral, como se denomina esta operación, tuvo distintas fases: primero se recibió y almacenó el material. Después, se imprimió y direccionó, a través del censo, las cartas de los candidatos. Pero, este año, fue el trabajo previo de las empresas de artes gráficas de confección, impresión y plegado de papeletas de las candidaturas que se presentan el que puso sobre las cuerdas al personal del BTP. ¿La razón? El mayor número de candidatos al Senado, 25, que obligó introducir un pliegue adicional a las papeletas. «Las imprentas habían calculado consumo de papel para cuatro y no les llegó provocando que la entrega de material, prevista para el 17 de febrero, empezara cuatro días después», explica la encargada de producción, Covadonga Bastida. Afortunadamente, el imprevisto pudo quedar como una simple anécdota ya que BTP realizó los envíos a tiempo y ni siquiera tuvo que utilizar las 48 horas de tiempo extra que se dio al proceso de envío.
Ayer fueron los conserjes de muchos colegios de Asturias los que tomaron el testigo del arduo trabajo electoral. A las 12:00, el personal del ovetense Loyola apuraba los últimos cambios de mobiliario. «Este año quizá salgamos antes gracias a las terminales PDA», vaticina el conserje de Loyola. La escena se repite en los centros de Pumarín y La Corredoría. Decenas de cajas con las papeletas se apilan en los pasillos ante la asustadiza mirada de uno de los alumnos más pequeños. «¿Por qué se llevan mi mesa?», pregunta desconfiado. Hoy será el personal de correos el que se movilice masivamente con el encargo de distribuir por las 1.629 mesas electorales los votos que se han ido depositando en las más de 2.200 oficinas postales de todo el país. Desde primera hora de la mañana un primer grupo de personas entregará en las correspondientes mesas los votos que ya tiene bajo su custodia; otro grupo de empleados se ocupará de trasladar a las mesas electorales los votos que ya tiene bajo su custodia y otro grupo se ocupará de trasladar a las mesas los votos por correo que pudieran recibirse en el transcurso de la propia jornada electoral. «El trabajo está hecho. Ya sólo falta que todo salga bien», confía un empleado de correos.





