Los de Preciado no supieron mantener la ventaja del gol de Kike Mateo, ni de sentenciar un partido en el que tuvieron ocasiones de gol suficientes para haberlo conseguido.
El equipo gijonés se presentó con las novedades esperadas. Con Roberto de vocal de elecciones en Chantada, Sergio le cubrió la portería e Hidalgo fue el recambio a los delanteros lesionados.
De entrada, el Hércules eligió a favor de sol y viento, mientras el conjunto alicantino mostraba una posición de reserva en el campo, con De los Santos incrustado atrás y mucha presión en la delantera. El Sporting, fiel a su estilo, armaba el juego desde los centrales o abriendo al campo para buscar espacio por las bandas, con las incorporaciones de los laterales.
El balón pasaba más tiempo en el centro del campo, puesto que las delanteras no encontraban espacios libres. Los rojiblancos perdían con demasiada facilidad el balón, pero también lo recuperaban. Las llegadas eran muy esporádicas y no se veía fluidez en el juego.
El Hércules llegaba, pero no tenía remate, ni pisaba el área. Se dejaba notar por tiros lejanos o acciones de estrategia, para lo que tiene buenos especialistas. El Sporting llegó mejor, pero sin puntería. Pedro encontró la oportunidad más clara, sólo ante Alba, en un pase de Hidalgo, en las pocas veces que pudo superar con un balón raso a la zaga visitante. Ni el de El Llano, primero, ni el colombiano, después, tuvieron puntería.
La panorámica del partido cambió en el segundo tiempo. El Sporting salió más convencido de sus posibilidades. Antes del primer minuto, la defensa herculana ya acusaba la jugada de Hidalgo y Kike Mateo, que Míchel no acertó a culminar con un disparo lejano.
Empezaba a apreciarse que la zaga alicantina tenía fisuras. Kike Mateo lo certificó con un exquisito toque ante la salida del portero rival, después de recibir un pase vertical de Míchel y superar a Sergio Fernández en el acoso.
El gol sirvió para hacer vibrar El Molinón, que hasta ese momento había transmitido menos presión que en el partido ante el Numancia, pese a que la entrada, de 14.000 espectadores, fue muy similar.
El Hércules adelantó algo sus líneas, lo que le vino bien al Sporting para hacer uso del contraataque que le va mejor. Goikoetxea varió el sistema con la entrada de Mariño, al meter a Vélez al eje del ataque, junto a Rubén Navarro. Los alicantinos se dejaron notar en tiro de Tote que atajó Sergio y en un córner que tocó de cabeza Sergio Fernández, despejado por Pina en la misma línea de portería.
Un gol cantado
El Sporting pudo darle la puntilla al Hércules, pero Hidalgo no acertó en dos ocasiones, una muy clara, tras una jugada de Sastre. El portero visitante debió tener alguna aparición, porque sacó de forma inverosímil el remate de Hidalgo, tal vez demasiado confiado por lo que parecía un gol fácil, cantado. A la siguiente, el colombiano atizó un trallazo que dio en el exterior de la red. El efecto óptico hizo que la megafonía cantara el tanto que no existió.
El conjunto de Preciado tuvo unos minutos en los que se le vio con exceso de confianza. Coincidió con una pérdida de balón en el centro del campo y un toque de Tote a Mariño. El peruano se coló por su banda con agilidad y ante una defensa descolocada, para dar un servicio al desmarcado Vélez, quien ajustó el balón a la base del poste izquierdo de Sergio. Imposible de detener.
Con la igualada de nuevo en el marcador, el técnico cántabro buscó la solución en De Lucas, pero el Hércules estaba espoleado por el empate y buscaba más. Coincidió con el descontrol del árbitro, demasiado meticuloso, con la señalización de faltas. Gardeazábal sacó su vena anticasera, con un estilo que nada tiene que ver con el de su abuelo, histórico colegiado que representó a España en tres Mundiales, que fue un señor del arbitraje.
Manuel Preciado dio entrada a Cámara por Pina, para darle la banda derecha, compartida con Sastre. El de Orcasitas tuvo una arrancada de raza, que despistó a la zaga visitante, en una jugada que acabó en córner. Sin embargo, poco resultado dieron las estrategias a los rojiblancos, pero a punto estuvieron de dárselo a los herculanos. Montenegro hizo una buena ejecución, a la que respondió muy bien Sergio. Luego fue Albacar, con un primer tiro alto y un segundo que envió al travesaño, tras una nueva meticulosidad de Gardeazábal.
Al final, un empate que deja mal sabor de boca, porque suena a regalado, con las ocasiones desperdiciadas y el boquete del tanto alicantino. Además, la tarde ofreció los peores marcadores, con las victorias de todos los que son directos rivales y ya fuera del ascenso. La solución es ganar el próximo sábado en Ferrol. Los empates, como puede comprobarse, valen de poco. De muy poco. Y con el paso de las jornadas, se está viendo, cada vez menos. Quedan 14 finales.







