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GIJÓN
La cortesía de los vencedores
16.03.08 -

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ADEMÁS de una serie de reglas sociales en el trato humano, la cortesía es el arte de la convivencia pacífica y agradable. Cortesía y educación marchan juntas, y aunque lo cortés no quita lo valiente, los buenos modales y lo que antes se llamaba la urbanidad, hoy algo en desuso, hacen, como decía La Bruyère, «que el hombre aparezca exteriormente tal como debiera ser en su interior». Alabar lo bueno que pueda tener el otro, limar los reproches, prestar atención al prójimo, son algunas de las normas elementales de la cortesía que pueden y deben conjugarse con una defensa clara y firme de las propias ideas.

La reina María Antonieta podría haber tenido muchos defectos, pero también unos modales exquisitos. Se cuenta que cuando subía al cadalso, pisó, sin querer, al verdugo, y le pidió perdón. «Discúlpeme, señor, estoy un tanto aturdida. Esta mañana no sé donde tengo la cabeza». Fueron sus últimas palabras, antes de ser guillotinada, y son todo un ejemplo de cortesía en momentos bastante difíciles.

Una de las formas más hermosas de la cortesía es la amabilidad del vencedor con el vencido. Velázquez la inmortalizó en su famoso cuadro de 'Las Lanzas' o 'La rendición de Breda'. En el centro del cuadro, el gobernador holandés Justino de Nassau hace ademán de entregar la llave de la puerta de la ciudad al general victorioso Ambrosio de Spínola. Nassau se inclina ligeramente, en ademán de arrodillarse, frente a Spínola, pero éste, ni acepta ese rasgo de pleitesía ni coge la llave. El militar de los Tercios mira, aparentemente con dulzura a su rival, mientras que con su mano le impide que se incline. Spinola, tras la dura batalla, sentía una cierta gratitud hacia un enemigo que defendió la plaza con ahínco, ya que «el valor del vencido hace famoso al que vence». Con este gesto, el cuadro de Velázquez no se limita a conmemorar una batalla efímera de la toma de una ciudad, por otra parte pocos años después perdida, sino que recuerda y simboliza dos cualidades humanas universales: la generosidad y la cortesía con el vencido.

No deja de ser paradójico que las elecciones a Cortes, que como su nombre indica deberían ser un relicario de cortesía, sean tan descorteses. Sin embargo, tras las votaciones, cuando ya los resultados electorales se conocen, más o menos suelen imperar las buenas maneras entre los contendientes. Por eso me parecieron feas e improcedentes, en la noche de las elecciones, las declaraciones del preboste del grupo municipal socialista de Gijón recogidas en las televisiones autonómica y locales. Prácticamente, la totalidad de su comparecencia la dedicó exclusivamente a poner a caldo a Gabino de Lorenzo y al Partido Popular.

Que el PP perdió votos en Gijón y que el revulsivo De Lorenzo no produjo los resultados que esperaban, está claro y es evidente, pero centrar una clara victoria propia en los errores de los adversarios es contraproducente. Por una parte, empequeñece una victoria clara, como la del PSOE en Gijón, al fundarla sobre un rival de poca consistencia. Por otra parte, se oscurece el propio programa, al sugerir que los votos no proceden de los que votaron a favor del programa, sino en contra del PP. Y, finalmente, pone en evidencia la descortesía del vencedor. Además, a enemigo que huye, puente de plata.

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