Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Oriente

Oriente
Pintura en lienzos de roca
Más de 150 personas visitaron ayer la Cueva de Tito Bustillo, durante la primera jornada de apertura al público en esta temporada
16.03.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
Pintura en lienzos de roca
VISITANTES. Una guía da indicaciones a uno de los grupos que visitaron ayer la Cueva de Tito Bustillo. / NEL ACEBAL
A la salida de la Cueva de Tito Bustillo, se repetía la misma escena una y otra vez, como si fuera un ritual. Los visitantes se frotaban los ojos. Mientras la cegadora luz del día los devolvía a la realidad, todo lo vivido en su interior parecía pura ilusión. Habían viajado al pasado durante algo más de una hora, a aquellos tiempos donde la completa oscuridad de una cueva resultaba reconfortante para el ser humano. Y más ayer, que el rayo de una tormenta cayó en Ribadesella y fulminó, durante un tiempo, internet y el sistema eléctrico de la cueva, además de fundir algunos de los focos que iluminan tenuemente el recorrido, precisamente en el día en que se reabría al público la gruta, una de las más conocidas, merced a su colección de pinturas rupestres. «Estas cosas siempre nos pasan el día de la inauguración», comenta una de las guías que ríe al recordar las 'penurias' de años pasados. No va desencaminada, en la anterior temporada la mala suerte quiso que un temporal inundara parte de la cueva el mismo día que abría al visitante.

Afortunadamente, media hora antes de que llegara el primer grupo de la jornada, el sistema se restableció, si bien los focos fundidos tardaron algo más en reponerse. ¿El resultado? 160 personas visitaron las cuevas ayer y para hoy ya hay otras 150 reservas. Con estos datos sobre la mesa y «si tenemos en cuenta que la temporada se ha adelantado unos días», explica el responsable de la cueva, Alfonso Millara, el balance del primer día es «muy bueno».

La visita

Y es que trabajó no falto. Antes de entrar, la guía da las primeras indicaciones para deambular por la cueva. «Deben ir todos juntos y andar con cuidado porque el suelo resbala. Y por supuesto nada de fotos, vídeos ni de tocar las pinturas. No en vano, no dejan de ser obras de arte», apunta. Otros detalles contextualizan esta peculiar vuelta al pasado. Así, comenta que la entrada a la cueva no es la original, sino un túnel fabricado con dinamita para acondicionar la visita. La mujer indica que antes había que desplazarse a tres kilómetros de Ribadesella, hasta el valle de Ardines, donde se encuentra la entrada original.

Poco a poco, los turistas van adentrándose en la gruta y sus ojos acostumbrándose a la penumbra. Descubierta hace sólo cuarenta años, fue el momento perfecto porque «se evitaron los problemas de descontrol que ha habido en Altamira», encontrada cien años antes. Y por otro lado, permanece abierta al público, no como las de descubrimiento más reciente que están mucho más controladas. Eso sí, cuando se habra el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, en aras de preservar la cueva, se restringirán mucho más las visitas.

A trece grados de temperatura y un 98% de humedad -en condiciones normales- los visitantes recorren el kilómetro entre la entrada y el llamado Panel Principal, que cuenta con una compleja secuencia estratigráfica de representaciones superpuestas grabadas y pintadas. Maravillados ante la cabeza de caballo, buque insignia de la gruta, y la colección de animales, símbolos y signos en colores rojo y negro, los turistas regresan al presente con la sensación de haber visto un trozo de historia: «Está muy bien, a mi me gusta todo lo antiguo», dice el bilbaíno José Antonio Ruiz, que lleva un par de días recorriendo la región junto a su esposa, Emma Calvo. Una vecina de Bilbao les recomendó la cueva y la verdad es que «está muy bien», afirma Calvo, «y eso que los lugares tan oscuros me dan miedo».

Madrileño y canaria, Víctor Manuel Martínez y Hoja Prieto llegaron el pasado martes para disfrutar de una semana de vacaciones, en Cangas de Onís y alrededores. «Estamos conociendo la zona y nos recomendaron esta cueva así que hemos venido a verla», explica Víctor. En su opinión, lo mejor es que el tema de las pinturas «está muy bien explicado». Por su parte, Hoja asegura que «es muy bonita». A buen seguro, tal y como hizo el hermano de Víctor que fue quien les recomendó el lugar, repetirán.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS