
Afortunadamente, media hora antes de que llegara el primer grupo de la jornada, el sistema se restableció, si bien los focos fundidos tardaron algo más en reponerse. ¿El resultado? 160 personas visitaron las cuevas ayer y para hoy ya hay otras 150 reservas. Con estos datos sobre la mesa y «si tenemos en cuenta que la temporada se ha adelantado unos días», explica el responsable de la cueva, Alfonso Millara, el balance del primer día es «muy bueno».
La visita
Y es que trabajó no falto. Antes de entrar, la guía da las primeras indicaciones para deambular por la cueva. «Deben ir todos juntos y andar con cuidado porque el suelo resbala. Y por supuesto nada de fotos, vídeos ni de tocar las pinturas. No en vano, no dejan de ser obras de arte», apunta. Otros detalles contextualizan esta peculiar vuelta al pasado. Así, comenta que la entrada a la cueva no es la original, sino un túnel fabricado con dinamita para acondicionar la visita. La mujer indica que antes había que desplazarse a tres kilómetros de Ribadesella, hasta el valle de Ardines, donde se encuentra la entrada original.
Poco a poco, los turistas van adentrándose en la gruta y sus ojos acostumbrándose a la penumbra. Descubierta hace sólo cuarenta años, fue el momento perfecto porque «se evitaron los problemas de descontrol que ha habido en Altamira», encontrada cien años antes. Y por otro lado, permanece abierta al público, no como las de descubrimiento más reciente que están mucho más controladas. Eso sí, cuando se habra el Centro de Arte Rupestre de Tito Bustillo, en aras de preservar la cueva, se restringirán mucho más las visitas.
A trece grados de temperatura y un 98% de humedad -en condiciones normales- los visitantes recorren el kilómetro entre la entrada y el llamado Panel Principal, que cuenta con una compleja secuencia estratigráfica de representaciones superpuestas grabadas y pintadas. Maravillados ante la cabeza de caballo, buque insignia de la gruta, y la colección de animales, símbolos y signos en colores rojo y negro, los turistas regresan al presente con la sensación de haber visto un trozo de historia: «Está muy bien, a mi me gusta todo lo antiguo», dice el bilbaíno José Antonio Ruiz, que lleva un par de días recorriendo la región junto a su esposa, Emma Calvo. Una vecina de Bilbao les recomendó la cueva y la verdad es que «está muy bien», afirma Calvo, «y eso que los lugares tan oscuros me dan miedo».
Madrileño y canaria, Víctor Manuel Martínez y Hoja Prieto llegaron el pasado martes para disfrutar de una semana de vacaciones, en Cangas de Onís y alrededores. «Estamos conociendo la zona y nos recomendaron esta cueva así que hemos venido a verla», explica Víctor. En su opinión, lo mejor es que el tema de las pinturas «está muy bien explicado». Por su parte, Hoja asegura que «es muy bonita». A buen seguro, tal y como hizo el hermano de Víctor que fue quien les recomendó el lugar, repetirán.





