
Después de siete años como consultora en otra empresa, decidió que había llegado el momento de hacer realidad el propósito de poner en marcha su propio negocio. Con su título de gestora de Administración pública bajo el brazo y la experiencia laboral acumulada, se dio cuenta de que el manejo de los ficheros con informaciones personales que poseen las empresas de servicios y muchos profesionales era una actividad tan nueva que nadie la dominaba realmente. Ella sí. Presentó sus planes en Valnalón, cuyos expertos coincidieron en encontrarle posibilidades a la empresa tras analizar las previsiones de precio, ingresos y gastos. Funciona, de momento, mejor de lo esperado. Con más de 100 clientes en cartera (asturianos, fundamentalmente, pero también en Madrid), Adapta ha cumplido un año y medio entre buenas expectativas. Superó sus objetivos en 2007 y espera repetir ese resultado en 2008. De momento, Aldamara ya no trabaja sola. Una experta en informática se encarga ya del tratamiento de los datos.
Competencia
Consumado ya el gesto valiente de renunciar a un empleo por cuenta ajena para aventurarse en las incertidumbres de la pequeña empresa, no teme la competencia. «Hay muchísima, pero es muy sana. No permite descuidos, obliga a moverse y actualizarse. Los clientes han confiado mucho en nosotras, aunque seamos nuevas y jóvenes», señala. El Ayuntamiento de Langreo premió en 2007 su iniciativa al designarla Empresaria del Año. «Me gustó por el apoyo a las mujeres. Hacemos una labro importante y este concejo lo sabe. El nuestro es un campo de hombres», añade.
En pleno proceso de reinvención económica y urbanística tras la reconversión minera e industrial, Langreo lleva años perdiendo vecinos, pero Aldamara cree llegado el momento de sacudir el pesimismo. Predica contra la marcha de jóvenes hacia otros concejos y enumera las ventajas que encuentra en La Felguera, una localidad de 22.000 habitantes bien dotada de servicios, animada y situada a un cuarto de hora por autovía de Oviedo o Gijón.
Lugar privilegiado
El Incuvatic, además, representa un lugar privilegiado para asentarse para un empresario. En el antiguo comedor de Ensidesa conviven una docena de emprendedores que comparten tutores, asesores y servicios. Cada uno de se dedica a su propios fines, pero el contacto estrecho crea una camaradería de soldados en el frente que no se pierde ni cuando se acaba el plazo de estancia a los tres años. Para entonces, los negocios ya deben volar solos. «Son compañeros. Nos damos consejos y es genial que alguien te ayude», resume Aldamara, convertida en una de las más veteranas de la planta. Sigue empeñada en aprender cosas para mejorar la atención a sus clientes para hacer verdad la frase de ánimo que se repite: «Vi mi momento y me lancé».





