Mónica López, la madre de la joven, aseguró ayer a EL COMERCIO que «estamos todos muy contentos porque ha cambiado totalmente para mejor». La situación actual «es normal, como tenía que haber sido desde un principio antes de tomar las medidas legales».
La niña ingresó en junio de 2007 en un centro de acogida dependiente de la Consejería de Bienestar Social después de que los expertos decidiesen su internamiento y el alejamiento de su hermana y su progenitora.
La madre pidió ayuda a las administraciones a través de este diario para solucionar una situación que, a su juicio, era «insostenible». Se negaba a acudir al instituto y a respetar las normas de convivencia de su familia. Contaba, además, con varias denuncias por haber sustraído material escolar y otros objetos a compañeros y vecinos. Además, se la acusaba de haber agredido a otros niños del barrio de La Calzada, donde se había convertido en popular por su mal comportamiento.
«Cambio a mejor»
Ahora, la situación parece haber cambiado para mejor y su madre se muestra optimista sobre su futuro. «Así se debería haber comportado, sin llegar a los extremos de tener que pedir que nos la llevasen», reconoce la mujer.
Durante los seis meses de internamiento en el centro dependiente del gobierno del Principado, la menor contaba con un régimen semiabierto que le permitía comunicarse diariamente con su familiar y regresar a su domicilio prácticamente todos los fines de semana.





