Tal como está la situación, y tiene trazas de seguir así bastantes años, el resultado de las elecciones parece, como mínimo, el menos malo posible, aunque ya dejé escrito aquí va para cuatro años que con Rodríguez Zapatero tengo en común muy poco más que el primer apellido (si bien él es de los Rodríguez de León y yo vengo de los Rodríguez del Caleyu gijonés) y que el 15 de agosto de 1976 coincidimos, sin saberlo, en el mitin de Felipe González en el pabellón de deportes del barrio de La Arena, que yo presencié en compañía del inolvidable Juan Marcos Muñiz Zapico 'Juanín'.
En cuanto al fracaso electoral del alcalde de Oviedo, que él mismo ha trabajado a conciencia, tampoco parece una mala noticia, porque, ¿qué ganaba Gijón con un adversario declarado en el Congreso de los Diputados?
Y del lobo del temporal, un pelo. Fue poca cosa comparado con el que abrió enormes socavones en el Muro hace medio siglo. Algo como aquello hubiera sido bocado inapreciable para los heraldos del desastre que no cesa.





