
Gómez Cuesta, don Javier, acaba la celebración litúrgica que los feligreses siguen con un guión que encuentran sobre los bancos y enciende un pitillo negro en la sacristía mientras hace balance de esta Semana de Pasión: «Mucha expresión de fe a pesar del mal tiempo». De todos las procesiones, se queda con la del Jueves Santo: «Me llamó especialmente la atención porque el silencio en la calle se podía cortar con un cuchillo». «No tenemos nada que envidiar ni a Avilés ni a Oviedo, que va por detrás en cuanto a que su recuperación de la Semana Santa es más reciente», declara el sacerdote, que va más allá: «Si se conserva esta religiosidad popular, la Semana Santa de Gijón tiene mucho futuro».
Lo único que siente es la desolación de los cofrades: «Ellos quisieran haber visto el fruto de su trabajo en la calle, pero la Semana Santa tiene siempre a la meteorología como enemiga. Los vi un poco encogidos antes de tomar la decisión de suspender el Encuentro de la Resurrección, pero contra los elementos no se puede luchar». Y que en Gijón «se nota un vacío de Dios como se nota en todas las ciudades. Ya no es como antes. Ahora hay una pretensión de que la fe pertenezca al ámbito privado. Por eso hay que salir a la calle a demostrar que lo nuestro no es sólo devoción, sino que tenemos muchos valores, mucha vida y mucha alegría».





