
Aunque todavía no hay datos de los últimos tres meses, no parece que el miedo a la crisis que planea en Europa esté afectando a la voluntad de viajar. Y es que pocos se resisten a la idea a ahorrarse más de 30 euros en unos Levi's 501 clásicos o al precio de un iPod nano que sale por unos 81 euros más barata que en España.
La última actuación de la Reserva Federal estadounidense (Fed), que rebajó los tipos de interés en Estados Unidos hasta el 2,25% desde el 3%, ha impulsado todavía más la moneda europea frente al dólar que se ha situado en su nivel más bajo desde 1990. A partir de ahora, si el diferencial de tipos de interés sigue aumentando entre EE UU y la zona euro, la moneda comunitaria podría llegar a cambiarse por dos dólares o, lo que es lo mismo, un dólar equivaldría a unas 83 pesetas. «Es difícil que ocurra esto, porque implicaría que la Fed redujese los tipos por debajo del 1% y el BCE los mantuviese en el 4%. Es un escenario poco probable y sería nefasto para la competitividad de la economía europea», plantea el director de análisis de Renta Variable de Inverseguros, Alberto Roldán.
Crecimiento nulo
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE ) prevé un crecimiento del 0,1% para el primer trimestre del año en EE UU y un crecimiento nulo para el segundo trimestre, revisando así a la baja las perspectivas de la economía estadounidense respecto a las anteriores proyecciones publicadas por la OCDE en diciembre pasado, que pronosticaban un aumento del PIB del 0,3% y 0,4%, respectivamente.
La institución pronostica, no obstante, una recuperación de la economía de Estados Unidos en el segundo semestre del año ya que cifra su crecimiento para el ejercicio completo en el 1,4%. El jefe del departamento económico de la OCDE , Jorgen Elmeskov, asegura que la economía norteamericana avanza hacia «el estancamiento», aunque consideró prematuro hablar de «recesión». En términos técnicos, se habla de recesión cuando se registran dos trimestres consecutivos en crecimiento negativo.
En la histórica relación entre ambas divisas, el comienzo de los años 80 supuso un fortalecimiento de la moneda estadounidense que le llevó en cinco años a pasar de valer 70 pesetas a las 191 de febrero de 1985. Esto se debió al fuerte endeudamiento público y privado en los países europeos, especialmente en España, que provocó un déficit por cuenta corriente en la balanza de pagos insoportable para las economía del viejo continente.
Desde ese momento, la cotización del dólar siguió un progresivo ritmo descendiente que terminó por debajo de las 100 pesetas en junio de 1990. Desde entonces, la fortaleza del billete europeo fue creciendo hasta octubre de 2000, el máximo histórico desde el que ha ido perdiendo fuerza en los últimos ocho años para tocar en estos días la simbólica cota de las 100 pesetas. Pero lo cierto es que un dólar tan débil no es beneficioso para la economía europea. Las empresas exportadoras pierden competitividad frente a zonas geográficas con monedas más débiles y la productividad se resiente al ser más difícil generar riqueza dentro de la zona de influencia de la divisa.





