Tamargo intenta capitalizar el voto de quienes consideran que las cosas en el Grupo marchan bien, frente a tres oponentes que cuestionaron el procedimiento seguido para admitir socios, sobre la transparencia de las cuentas o sobre el funcionamiento de la Fundación Ángel Varela. Entre los críticos, Juan Vigón se proclamó «portavoz» de los contrarios a la fusión con el Centro Asturiano.
Juan Neira, moderador del debate, propuso cinco aspectos que resultaron claves en los últimos días, a tenor de las declaraciones de los aspirantes: admisión de socios, transparencia de las cuentas, gestión de la Fundación Ángel Varela, programa en cuanto a instalaciones y fusión con el Centro Asturiano de La Habana.
En cuanto al sistema de admisión de nuevos socios, Molina manifestó que desde 2005 hasta ayer se produjeron unas 3.000 altas, que se va a llegar a 34.000 socios, «que es una barbaridad» y sospecha que la directiva aplica el enchufe a la hora de aceptar altas para «hacer caja». También dijo que las nuevas incorporaciones aumentan cuando hay elecciones ante la expectativa de que el favor de entrar se pague en forma de voto.
Apostilló Del Reguero que meter socios para hacer frente a los créditos es como la pescadilla que se muerde la cola y que la lista de espera «se puede manejar como sea». Tamargo, a su vez, defendió que las altas no forzadas por los estatutos (cónyuges e hijos de los socios tienen derecho a incorporarse a la entidad) han sido moderadas y se comprometió a publicar la lista de espera en la web del Grupo, para que todos los solicitantes conozcan cuál es su turno.
Vigón criticó la «opacidad» de la lista de espera y defendió una relación limpia y puesta al día que evite «suspicacias».
Cuentas
Molina insistió ayer en su idea de pedir una auditoría externa si llega a la Presidencia y dijo que «el Pabellón Verde está muy bien, pero deja una hipoteca para 15 años». Molina calificó de «dictatorial» que directivos de Cuesta que siguen en la gestora formen parte del equipo de Tamargo.
En ese sentido, Vigón dijo que Cuesta no tenía que haberse definido en el proceso electoral -nunca lo hizo- y destacó el «hecho histórico» de que las cuentas del Grupo no vayan acompañadas este año de la conformidad de los socios censores de cuentas.
Tamargo argumentó que las cuentas fueron presentadas a los socios en el plazo previsto (antes del 15 de marzo) y que van acompañadas de una auditoría externa, por lo que juzgó redundante hacer más auditorías y añadió que si alguien no se fía de la auditora que revisó las cuentas debe pagar otra, pero no el Grupo. Tasio del Reguero consideró «increíble» que los socios censores no hayan recibido la documentación que pidieron. «No sé lo que pasa -apuntó-. No digo que haya corrupción, pero no sé por qué no se da lo que se pide». También aludió a que la misma falta de información que sufrieron los censores de cuentas afectó también a los integrantes de la comisión de obras.
Juan Vigón, por su parte, achacó a la directiva saliente el gasto de «muchos millones de pesetas» en indemnizaciones por despidos que fueron declarados improcedentes.
Fundación
Tamargo discrepó también del resto de candidatos al valorar el funcionamiento de la Fundación Ángel Varela. Tasio del Reguero dijo estar conforme con el objetivo y funcionamiento de ésta cuando fue creada para captar fondos que permitieran becas para ayudar a los deportistas sin tocar las cuentas del Grupo, pero rechazó que el presidente de ambas entidades pueda ser distinta persona y defendió la constitución de una nueva fundación con el nombre del Grupo. Pidió transparencia y anotó: «No digo que se esté robando, pero así no sabemos lo que pasa en la Fundación».
Molina indicó que «el oscurantismo es terrorífico» y afirmó que «si soy presidente del Grupo, tengo que serlo de la Fundación, porque sobrevive por el Grupo». Tamargo expuso que la Fundación es «un órgano externo» que cumple sus compromisos económicos con el club y defendió que es mejor que no coincida la presidencia de ambas entidades en una sola persona, para evitar una relación obvia en dos entidades que se diferenciaron para que los objetivos de la Fundación quedaran al margen de los fondos del Grupo. Vigón, a su vez, se quejó de que «falta información» y aseguró que «el papel del Grupo no puede ser subsidiario».
Instalaciones
Menos discrepancias produjo el capítulo dedicado a instalaciones, que cada candidato dedicó a comentar sus proyectos, en no pocos casos coincidentes con los de todos o alguno de los oponentes. Por destacar un apunte de cada candidato, cabe decir que Molina se comprometió a que la guardería se autofinancie; Tamargo descartó pedir derramas para financiar su proyectos; Vigón advirtió que es importante empezar a pensar en la compra de terrenos, y Del Reguero censuró que la desviación presupuestaria del Pabellón Verde «fue el no va a más».
El debate sobre la fusión devolvió la polémica, pero, en este caso, dos a dos. Vigón se promocionó como «portavoz de quienes no quieren esa fusión» y dio un «no rotundo a Mareo», por entender que haría falta muchísima inversión para hacer atractiva la finca, si no es para ir al campo con la tortilla. Menos radical, Juan Molina ve poco interés en la finca de Mareo porque no es terreno edificable y dijo que «las fusiones siempre fueron malas».
Del Reguero y Tamargo, por el contrario, se declararon claramente favorables a la fusión entre las entidades como salida de futuro similar a la que en su día representó Las Mestas.









