Curiosa simbología que asocia primavera a juventud y otoño con vejez, mientras el invierno queda viudo y el verano soltero, quizá porque de la muerte no gusta hablar salvo para ocultarla o colorearla y la madurez ni está ni se le espera. Ahora que el clima es un lío y no distingues invierno de verano o si las vacaciones mejor en febrero o agosto, los jóvenes enseñan que el tiempo vital debe ser más coherente, más unitario. La vida exige beberse de un trago y no conviene dejar para mañana lo que puedas beber hoy. La primavera y el otoño son almas gemelas. ¿Qué mejor que fundir, -o al menos, confundir- florecer y degenerar; los verbos vivir y beber se conjugan simultáneamente. La vida es un botellón que desea el punto y seguido, aunque hay quien prefiere el punto final o, al menos, el punto y coma (etílico). No es una cuestión anímica, no se trata de verla medio vacía o medio llena, sino de vaciarla pronto, mejor que el líquido solidifique el cerebro hasta hacerlo roca, no sea que se evapore en la botella. Los jóvenes dan alegría y vitalidad, se quedan exhaustos y vacíos por dentro de verterse al exterior mediante orines y vómitos y deben reponer líquidos para aflorar cada primavera. Cada uno regala lo que lleva dentro.
Quizá en unos años y dado el clamor popular por la relación precio-calidad del alcohol que el ministro quería controlar hace unas semanas, surjan nuevas peticiones sociales centradas en la construcción de macrobotellómetros, a fin de que fiestas tan populares, escuelas de buena vida -no de vida buena-, tengan el lugar merecido. Para qué tanta biblioteca, LOEs, Informes PISA si con D. Simón es suficiente. Quizá en esta senda de la eterna juventud por la que corre nuestro mundo, los jubilados exijan subvenciones para celebrar también su otoño compitiendo con los nietos y, quien sabe, si el botellón deje de ser problema para volverse una alegre fiesta de interés turístico y un bien cultural a proteger con la presencia de representantes políticos para inaugurar bebederos -eso sí- públicos.
Cuando el criterio se ausenta queda la simple coyuntura y desaparecido el cielo sólo resiste la redondez umbilical. Estamos a dos pasos de alcanzar el paraíso de la eterna juventud: preservativos gratis, subvención y zapatillas para el piso, ayudita pro ordenador y, por qué no, tetra brik con felicidad envasada.





