Tras valorar los resultados electorales por circunscripciones, Mariano Rajoy llegó a una conclusión política de crucial importancia: «Debemos evitar que el PSOE vuelva a ser el refugio de los recelos que provoca el PP en algunos territorios».
En efecto, el PP perdió las elecciones en Cataluña, dónde el PSOE le sacó 18 escaños de diferencia. Si se exceptúa Cataluña, el PP habría ganado las elecciones. La orientación política anticatalana del principal partido de la oposición le pasó una factura muy elevada en las urnas. Lo mismo cabría decir del País Vasco, donde el PSOE triplicó en diputados al PP, pero como en esa comunidad hay muchos menos escaños en juego, no tiene tanta importancia en el cómputo global.
Tras ese análisis, Rajoy anunció su disposición a llegar a pactos con el futuro Gobierno socialista sobre política antiterrorista, territorial, exterior y sobre protección social. Al final de su intervención llegó el momento de desvelar que Soraya Sáenz de Santamaría será la portavoz en el Congreso de los Diputados y que Pío García Escudero repetirá de portavoz en el Senado. Así se debe hacer: primero, se valora la coyuntura política con sentido autocrítico, y luego, se deciden las personas que deben tener las principales responsabilidades en la nueva etapa. Cambiar a Eduardo Zaplana por Soraya Sáenz de Santamaría es desligarse de la herencia de Aznar, condición indispensable para no recibir un voto de castigo en algunas comunidades autónomas. Puede el sector más duro de la derecha política y mediática criticar a Rajoy por la nueva orientación, pero es lo que debe hacer el PP si quiere gobernar. Generando rechazo es difícil ganar.





