
El primero ya es una aventura en camino. La editorial Laria se encargará de sacarla adelante. Entre sus tapas estará toda su corta, pero intensa existencia, que llegará a sus páginas de su propia mano, a través de las ciudades que fueron dejándole marcas y que quedaron reflejadas con soltura en las viñetas de sus muchos cuadernos de trabajo. Cargados de ironía, ingenuidad, estudios de arquitecturas interiores, de anatomías humanas, de explosiones de color, primero, y huellas de dolor después, son el relato más exhaustivo de su paso por Gijón, Nueva York, París, varios rincones de Marruecos.... De su paso, al fin, por el mundo, pues Juan Botas no dejaba nada fuera del papel. Todos los detalles que contemplaba, que le envolvían se convertían en un apunte.
Hoy todos aquellos cuadernos, excepto uno, que permanece en la casa familiar, son parte del patrimonio de la ciudad en la que nació en 1958. El Museo de Gijón-Casa Natal de Jovellanos les custodia desde hace años. En sus salas se han mostrado públicamente en más de una ocasión, pero ahora quedarán para siempre ante la mirada pública en este libro de aniversario, que quiere también hacer saltar, de nuevo, la obra del creador que inspiró a Jonathan Demme para dirigir 'Philadelphia' a las paredes de un espacio de arte, pero esta vez fuera de Asturias.
Esa muestra está todavía en plena planificación, por lo que nada se puede adelantar todavía sobre lugar y calendario.
Ambas acciones, el libro y la exhibición de sus dibujos, diseños y diarios pintados, «permitirán recordar quien era Juan Botas», dice Gracia, una de sus hermanas, a la que le gustaría que un trabajo tan importante como el que dejó este jovencísimo creador no cayera nunca en el olvido público. «Hoy es un día para que hablemos de él», insiste. Un día para recordar que Botas fue un niño que estudio y corrió por el patio del Colegio de la Inmaculada de Gijón, que de muy crío ya firmaba caricaturas para la revista colegial y que se escapaba de las clases de literatura porque nada le importaba más que «dibujar y dibujar».
Con sólo 16 años, Juan Botas se hace en Londres con un libro que habría de cambiar su vida. Se titulaba 'Diseño gráfico' y lo firmaba, quien luego sería uno de sus maestros, Milton Glaser. Cuenta entonces que aquel volumen le deja «impresionadísimo». Tanto que decide estudiar Bellas Artes, pero acaba matriculándose, para evitar el ceño fruncido familiar, en Derecho. La aventura acaba pronto, con 19 años, corría el verano de 1977 viaja a Estados Unidos para estudiar inglés y allí se queda para siempre. Aquel ambiente se le presenta como un escenario de libertad y se da cuenta de que su pasión no puede quedar al margen. Cuenta, Francisco Crabiffosse, en el libro que dedica a Juan Botas que la familia con la que se hospeda le animó a quedarse. «La señora Maybe le sugiere que ya que le interesa el arte se dedique a lo que realmente le gusta».
Se matricula aquel mismo año en Bellas Artes en el Onondaga Community College, de Syracuse. «Se siente feliz, y el espejismo de la tierra prometida va convirtiéndose en una realidad», añade Crabiffosse. Aquel primer año realiza ya su primera exposición individual en la Coulter Library, del College de Syracuse, y participa en una colectiva celebrada en la Saint David´s Church, de Dewitt (Nueva York).
En 1979 recibirá el Premio Ethel Brause Furgatch y una beca de la Fundación Ford para estudiar en la universidad local. A partir de ahí, Botas no para. Ángel Antonio Rodríguez, el crítico de arte de EL COMERCIO, le presume nada menos que «heredero de la épica pictórica de Matisse». Asegura el experto que el joven creador supo aderezar esa herencia «con los equilibrios compositivos de las últimas corrientes pop americanas». Las revistas norteamericanas más prestigiosas estuvieron siempre entre sus clientes. 'U.S. News' y 'World Report' le animaron con sus encargos a abrir su propio estudio en Nueva York. Después vendrían el 'New York Times', 'News Week', 'Time Magazine','Benetton' y 'Vogue', entre muchas otras publicaciones. Además las cadenas de televisión le piden escenografías y las empresas discográficas, portadas. Cuando le llegó la muerte, Botas era toda una leyenda en Nueva York, una leyenda que inspiró una película de Oscar.





