
Solbes, quien no ha ocultado su convicción de que hay que hacer todos los esfuerzos posibles para garantizar que los centros de decisión de Iberdrola permanezcan en el futuro en España y en manos de «accionistas estables», es uno de los principales apoyos que tiene esa integración entre la gasista y la eléctrica ya que alejaría de forma definitiva la sombra de un 'asalto' por parte de la francesa EDF.
Mientras, sin embargo, Iberdrola prefiere mantener una posición oficial extraordinariamente aséptica. Un portavoz oficial aseguraba ayer que ni el presidente de la compañía, Ignacio Sánchez Galán, ni representantes de la sociedad se han reunido con el presidente de Gas Natural para negociar este asunto. Nada dijeron, sin embargo, respecto a conversaciones con responsables de La Caixa, accionista de referencia de Gas Natural y también de Repsol.
Crear valor
En el equipo directivo de la compañía parece haberse asentado la idea de que el 'peligro EDF' ha sido superado y que las posibilidades de una nueva opa hostil, al menos en el corto plazo, está prácticamente descartada. Las estrecheces del mercado financiero hacen extremadamente complicada una operación corporativa sobre una compañía que vale más de 50.000 millones de euros en Bolsa. Así las cosas, los responsables de la eléctrica también descartan que vayan a atarse pies y manos ante la llegada de un socio salvador. «Las operaciones, en cualquier caso -apuntan- deberán aportar valor para el accionista», señalan en lo que puede interpretarse como la advertencia de que las negociaciones 'de detalle' pueden ser extremadamente duras y complejas.
A las partes afectadas por esta operación, especialmente a La Caixa -que se convertiría en el accionista de referencia de la compañía resultante de la fusión- pero también a Gas Natural y a Repsol -que aportaría algunos activos al proceso-, no les basta con el respaldo inequívoco del vicepresidente. Las experiencias pasadas, especialmente las turbulencias vividas en torno a la pugna por el control de Endesa y a la fracasada opa lanzada por Gas Natural demostraron que Solbes no controlaba la estrategia del Gobierno, que había profundas disensiones internas y que incluso la oficina económica de La Moncloa tenía un enorme poder de influencia sobre la orientación final.
Por ello, el proyecto de fusión de Gas Natural e Iberdrola, así como algunas operaciones colaterales que llevaría acompañada -la salida de ACS de la eléctrica vasca y el reforzamiento de Fenosa con la compra de activos 'excedentarios'- requiere una hoja de ruta de presentación y «sondeo» ante los nuevos responsables del área económica e industrial del futuro gabinete de José Luis Rodríguez Zapatero.
Los contactos discretos con el Ejecutivo comenzarán, por tanto, a partir del día 10, cuando ya se haya despejado la duda sobre si el presidente opta, como se ha barajado en algunos momentos, por la creación de un Ministerio de la Energía o acepta la reclamación del vicepresidente de que este área tan estratégica pase a depender de la cartera de Economía. Todos, pero especialmente La Caixa y Gas Natural, quieren evitar que surja una 'zancadilla' en el proceso posterior, que desbarate por tercera vez el intento de unirse a Iberdrola.
Algunas fuentes señalaron antes de las pasadas elecciones que existía un compromiso formal del presidente del Gobierno de reforzar los poderes de su vicepresidente, adquirido al mismo tiempo en que Pedro Solbes aceptó continuar en el gabinete en la segunda legislatura de Zapatero.
Alternativa 'B'
Pedro Solbes nunca ha ocultado su oposición a la entrada de la francesa EDF en Iberdrola -siempre, eso sí, con declaraciones comedidas, anteponiendo el cumplimiento de la legalidad y la garantía del suministro eléctrico a cualquier iniciativa personal-, de la misma forma que también ha dejado claro que Iberdrola es una 'especie a proteger'. Reconoce la brillante gestión que Galán ha hecho al frente de la empresa y el hecho de que haya dirigido buena parte de sus esfuerzos de crecimiento hacia la inversión en el exterior y en energías renovables.
Bien es verdad que el reforzamiento de Iberdrola con la entrada de La Caixa como accionista de referencia no era la primera opción que barajó el vicepresidente, para sortear la amenaza de EDF. Su principal apuesta no era sino el entendimiento entre Florentino Pérez e Ignacio Sánchez Galán, para reforzar incluso el papel de la constructora ACS en Iberdrola. El transcurso de las semanas ha revelado que esa alternativa parece inalcanzable, después de constatar que las relaciones entre ambos personajes son irreconciliables.





