El popular Federico Trillo tenía la marca de ser el presidente del Congreso con menor respaldo -179 votos logrados en 1996-, pero Bono, a su pesar, batió su registro con 170 papeletas. Y ni siquiera todas fueron de los 169 diputados del PSOE, ya que los dos parlamentarios de Coalición Canaria y el único de IU, Gaspar Llamazares, votaron al ex ministro de Defensa y ex presidente de Castilla-La Mancha. El socialista también tuvo el dudoso privilegio de ser el primer presidente del Congreso elegido en segunda votación por mayoría simple. Ni en los tiempos más precarios de la extinta Unión de Centro Democrático en la transición se dio esa circunstancia. En la primera vuelta, el candidato socialista reunió 168 apoyos, y si se tiene en cuenta que tres de esos votos eran de Coalición Canaria e IU, significa que cuatro diputados del PSOE negaron su respaldo a Bono. En la segunda vuelta, ya sumó 170, por lo que de nuevo dos compañeros de partido no le votaron. Bono, como se esperaba, no contó con la anuencia de los nacionalistas ni de la diputada de UPyD. Esos 170 votos, sin embargo, fueron suficientes para derrotar a la candidata del PP, Ana Pastor, quien sumó 152, que también soportó dos deserciones de sus compañeros de grupo. El pobre resultado de Bono no preocupó a los socialistas, pues ya contaban con ello. El PSOE no quiso atarse los manos con acuerdos estables con los nacionalistas a cambio del apoyo a su candidato a presidir la Cámara Baja. Zapatero, en un breve comentario a la entrada del hemiciclo, apuntó que, con ese escenario parlamentario, confía en que esta legislatura sea «mejor que la anterior.
Conciliador
El ex titular de Defensa ignoró su escasez de apoyos en la primera alocución tras tomar posesión. Fue una intervención conciliadora, pero a la vez mordaz. En un aviso a los nacionalistas se olvidó de su anterior amenaza de «atizar con el listín telefónico» a quienes defienden «privilegios», y, por el contrario, dijo sentirse «motivado para ganar la confianza de quienes no pusieron mi nombre» en la papeleta.
Bono también aludió a su secular adversario dentro del PSOE, Alfonso Guerra, con quien pasó de mantener una estrecha amistad política y personal en los últimos años ochenta a una enemistad bíblica en los primeros noventa. Como botón de muestra de que la situación pervive, Guerra declaró la víspera que, a su juicio, había mejores candidatos que Bono, pero el flamante presidente del Congreso respondió al desprecio con un homenaje.





