Ayer, ese aire de libertad recorrió los Valores Humanos que Vocento reconoce en el jesuita Enrique Figaredo y en el músico Daniel Barenboim, y que deberían respirarse de Extremo Oriente a Israel, de Camboya a Palestina. «Hay muchos ejemplos de valores humanos -subrayó el Príncipe- que nos estimulan a luchar contra la violencia, la injusticia, la pobreza, la desigualdad y la intolerancia, que alimentan nuestra confianza en la construcción de un mundo cada vez más complejo, pero más ávido de libertad, concordia y solidaridad». Como la admirable misión que Kike Figaredo realiza en Asia desde 1985: «Lograr que la vida sea una fiesta para todos». Como el aire de libertad que persiguen los premios Vocento: «Difundir e impulsar ejemplos de valores humanos en nuestra sociedad, para combatir ese permanente riesgo de deshumanización en que, como decía Ortega y Gasset, vive el hombre», defendió don Felipe. Y expresó el apoyo de la Corona a unos premios que son «la mejor garantía para asegurar la paz, la justicia, el progreso y la convivencia». Daniel Barenboim lucha contra esa deshumanización de la vida desde la música y aboga por «una alianza entre los pueblos israelí y palestino».
Ese aire de libertad recorrió las palabras del presidente de Vocento, Diego del Alcázar, que recordó a Hegel: «'La libertad es la sustancia del espíritu', dejó escrito, y ello es particularmente así hoy». El heredero de la Corona, la princesa de Asturias, y las innumerables personalidades de la política, la cultura, la comunicación y la empresa que asistían al acto escucharon las palabras del presidente de Vocento como «una apuesta de este grupo por la defensa de la libertad».
Don Felipe entregaba los premios a Daniel Barenboim y a Ana Alvargonzález -madre de Kike Figaredo- en un día con un significado muy especial. Se cumplía el décimo quinto aniversario del fallecimiento de su abuelo el Conde de Barcelona. Y a pocos metros de allí, bajando la Real Fábrica de Tapices, se desemboca en la calle Téllez, en la que dejaron la vida 63 personas el 11 de marzo de 2004. Don Felipe recordó cómo Barenboim se ofreció para dirigir el concierto de homenaje a las 192 víctimas de los los criminales atentados, que jamás lograrán borrar el aire de la libertad.








