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Sociedad

ENRIQUE FIGAREDO, JESUITA Y PREFECTO APOSTÓLICO EN CAMBOYA
«Es una gran alegría saber que los medios apoyan nuestra labor»
La madre del jesuita recogió la distinción y leyó unas palabras de gratitud enviadas desde Camboya por su hijo
02.04.08 -

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«Es una gran alegría saber que los medios apoyan nuestra labor»
EMOCIÓN. Ana Alvargonzález recogió el galardón de su hijo.
La mejor evidencia de que Enrique Figaredo merece el Premio Vocento a los Valores Humanos es que ayer no pudo acudir a recogerlo. Pese a haber aguardado este día con manifiesta ilusión, el jesuita no estuvo finalmente en el acto de entrega porque se lo impidieron sus compromisos con las personas más necesitadas del planeta; esas que durante los últimos veintidós años han copado por completo su agenda. Y su vida.

Una emocionada madre, Ana Alvargonzález, tomó el galardón de manos del Príncipe, ante el caluroso aplauso de los invitados, entre los que se encontraban tres de los seis hermanos de Enrique. Tras excusar la ausencia de su hijo, leyó en su nombre unas breves palabras en las que Figaredo expresó los tres sentimientos que ha suscitado en él la distinción de Vocento. En primer lugar, dijo haber experimentado «una gran alegría por saber que desde los medios de comunicación apoyan tan positivamente esta presencia y labor en Camboya en favor de la gente más necesitada. Este premio reconoce una labor continuada de equipos, un esfuerzo en colaboración, una carrera de fondo, en la fidelidad al servicio de la paz y de los demás necesitados», afirmó en boca de su madre, quien le trajo al mundo hace 48 años en Gijón.

Tras el sentimiento de alegría, el galardonado situó los de «gratitud y responsabilidad, porque este premio da a conocer nuestra labor y nuestros retos en estos rincones».

De hecho, «poner Camboya en el mapa» ha sido una de sus obsesiones desde que en 1985 se estableció en ese país, minado en su suelo, y en sus estructuras económicas y morales, por tres décadas de guerra. El hoy prefecto apostólico -obispo- en ocho de las provincias más pobres del país se ha afanado por dar a conocer las carencias de una población de 14 millones de habitantes, de los que uno de cada 236 está mutilado.

Para ello, ha contado con embajadoras como la Reina, quien, según recordó ayer don Felipe, le visitó hace dos meses en Battambang. Desde el Centro Arrupe y con la sonrisa de Kike al frente, los jesuitas dan techo y educación a niños discapacitados.

El propio Figaredo sugirió recientemente lo valioso que sería que también doña Letizia, «conocedora de los medios y paisana como es», apoyara «este pedazo de Asturias que tenemos en Battambang». La Princesa le dio ayer ese inequívoco respaldo al presidir junto a su esposo la entrega del premio con el que Vocento le agradece su servicio y ejemplo a la sociedad.

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