
Y es que la iglesia de la Universidad Laboral ha sido en los últimos años, de forma periódica, motivo de fricción entre el Principado y el Ayuntamiento, de un lado, y el Arzobispado de Oviedo, del otro. La génesis de los desencuentros se remonta al mismo momento de la redacción del plan de usos de lo que hoy se conoce como Ciudad de la Cultura. La Administración regional, propietaria de todo el equipamiento, decidió utilizar el templo y diseñar usos civiles, absolutamente ajenos a su carácter de lugar religioso.
La autoridad eclesiástica asistió a estos cambios, en sus propias palabras, «sin capacidad de decisión y de opinión», lo que la llevó a rechazar de forma numantina los requerimientos para su desacralización.
Vídeo polémico
Un cortometraje filmado en el interior del templo y proyectado en la feria de arte Arco a principios de 2005 avivó la polémica. Llevaba por título 'Ascensión World' y en ella se veía a un masajista desnudo de cintura para arriba dándole un masaje en la espalda a una joven acostada, con una toalla en la cintura, sobre el altar de la iglesia. La tensión sexual de la escena se diluía de inmediato mediante una serie de planos cortos y generales en las que se observaban imágenes religiosas tales como crucifijos y vírgenes. El PP gijonés consideró por aquel entonces este vídeo como «una provocación».
La escalada de confrontación fue en aumento. En setiembre de 2006, el máximo responsable de la diócesis asturiana, Carlos Osoro, advirtió de que la institución eclesiástica «no renunciará voluntariamente» a esta instalación y recordó a las administraciones local y regional que «los templos católicos, según los tratados y la jurisprudencia, son inviolables mientras no se desacralicen».
Las tensiones llegaron a su mayor punto de enconamiento cuando el Ayuntamiento hizo públicos sus planes de convertir la iglesia de la Laboral en sede permanente de un centro de interpretación de Gijón, incluida una gran maqueta del municipio. Entonces la Consejería de Cultura, con Ana Rosa Migoya al frente, volvió a solicitar con nuevos bríos el proceso de desacralización. El Consistorio gijonés tenía previsto invertir 600.000 euros en ese centro. Desde la cúpula eclesiástica asturiana siempre se interpretó aquella petición del Principado como una cesión a «las presiones de la alcaldesa de Gijón».
Finalmente, el verano pasado, ante las trabas eclesiásticas al proyecto, el equipo de gobierno municipal decidió trasladar el centro de interpretación a Tabacalera. La versión oficial del Ayuntamiento nunca reconoció esos problemas a raíz de la negativa del Arzobispado a abandonar el templo y adujo sólo «cuestiones técnicas», como problemas de espacio, luz y altura, para albergar su ambicioso proyecto expositivo y de maqueta.





