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CARTAS GIJONESAS
Evolución y memoria
03.04.08 -

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COMO te decía: el anciano régimen y siempre con su timonel en el puente de mando, cambió, sutilmente y en repetidas ocasiones, el rumbo ideológico, en función de circunstancias internas o externas, adoptando cambios de piel que en definitiva le proporcionaron larga e inflexible supervivencia. Nosotros, en Gijón, fuimos testigos de excepción de una de las primeras rupturas generacionales del sistema. Y fue así, siguiendo pautas que receta Maquiavelo en sus recomendaciones al Príncipe para perpetuarse en el poder, como Franco, Jefe del Estado y generalísimo de todos los ejércitos, finiquita el periodo durante el cual el entonces ministro de Trabajo, Girón, asumía el papel de prohombre populista prodigando beneficios y prebendas al que seguía entendiendo como peligroso proletariado minero. De ahí la idea de crear un centro de acogida y estudios para sus huérfanos con el nombre de Orfelinato Minero, y precisamente aquí, en esta nuestra ciudad, nada adicta a aquel orden imperante.

Pronto, el inicial proyecto se transforma en las universidades laborales, siendo la nuestra excepcional muestra, no sólo arquitectónica, sino como conceptual organización de auto supervivencia, ya que incluía incluso la importantísima autonomía del abastecimiento alimentario. Tal era su magnitud, que abarca circunvalaciones periféricas, incluyendo El Molinón, cuya reforma hubo de quedar inacabada hasta la nefasta intervención de una profesional que lo desgracia para el Mundial del 82. Pues bien, nada mejor, no importa el sistema político, para cesar, sustituir o modificar conductas y criterios de gobierno que orquestar, ayer con el beneplácito del Pardo, un escándalo con visos de malversación y robo, que es mucho más grave cuando la norma jurídica es partir como sujeto culpable. Así, con independencia de una viciada génesis en cuyos estatutos los patronos tenían carácter vitalicio, no es menos cierto que la magna y colosal obra que ahora orgullosos contemplamos tras tanta incomprensible desidia, es recuperada y puesta al día por quien fue nuestro alcalde y ahora presidente de Asturias.

Pero obligado es rescatar del olvido y recuperar para la memoria de la historia local al gijonés J. María Fernández, 'El Ponticu', defenestrada cabeza de turco, públicamente juzgado y castigado con inhabilitación permanente y enviado al ostracismo, por la falta en el inventario de una vaca en la entonces granja de la Llorea.

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