Pues bien, con la desaceleración del sector, también se plantea cómo afectará todo ello a unos ayuntamientos que cada vez asumen más tareas que no les corresponden y, además, tendrán que verse abocados a un escenario donde sus ingresos sufrirán un severo recorte. Piensen que el arrastre del ladrillo se concretó también en unas cuentas municipales más centradas en el mismo, y menos en la contribución directa del ciudadano (el IAE se eliminó, por ejemplo). Así, otro de los tributos clave, el Impuesto de Bienes Inmuebles, alcanzó máximos nunca vistos debido a la gran cantidad de pisos construidos. Sin embargo, con la crisis del sector, es irremediable que el mismo se estanque y no crezca como en ejercicios pasados.
Estamos, pues, hablando de unas cuentas municipales abocadas a una revisión, puesto que los presupuestos de ingresos elaborados en fechas pasadas, ya no van a servir. En apenas un trimestre, el del presente año, la bajada en la recaudación se ha dejado sentir y, claro está, el proceso no ha hecho más que empezar. Tendrán que ponerse encima de la mesa otros mecanismos tributarios aunque, quizá, resulten dolorosos. Y, ¿a qué me refiero cuando hablo de aplicar otros mecanismos tributarios para el incremento de ingresos? Bueno, pues, sencillamente a que pagaremos más por agua, alcantarillado o cualquier otro tipo de servicio que nos presten. Es, en definitiva, lo que veremos en un futuro cercano.





