
Todo comienza cuando la parturienta es ingresada en el centro sanitario. La falta de intimidad, sumada a la poca delicadeza (a veces) de algunos profesionales, inhibe a las pacientes. La administración de oxitocina sintética -una hormona podría producirse de manera natural- provoca contracciones más intensas, por lo que a la mujer no le queda más remedio que solicitar la epidural, ante la imposibilidad de soportar el dolor. Con el cuerpo medio dormido y además, tumbado, resulta muy difícil empujar. Muchas veces se acaba sacando al bebé artificialmente, ya sea por cesáreas, episiotomías (corte vaginal), fórceps o ventosas...
Criterios de rentabilidad
«En definitiva, se saca al feto de la madre, cuando debería ser ella la que lo expulsara naturalmente de su cuerpo», resumió Lourdes Pérez, de la asociación de mujeres y salud Nielda, quien añadió que «el tiempo es el criterio de rentabilidad de los hospitales, pero hoy en día, que no se producen tantos nacimientos, no debería de ser así».
Andrea Brandt, ginecóloga alemana que asiste a las parturientas en sus propios hogares, subrayó la necesidad de seguir el ejemplo de nuestros vecinos europeos, como Francia, Inglaterra, Holanda y la misma Alemania, donde las futuras madres pueden elegir ser atendidas en sus casas.
Las cuatro ponentes animaron a las interesadas a ejercer sus derechos a través de los «planes de parto», donde pueden manifestar su consentimiento u oposición a las intervenciones médicas que se les propongan. «Cada centro sanitario tiene sus protocolos, que suelen ser más fuertes cuanto más grande es el centro, ya que resulta difícil atender a un gran número de personas. Por ello es más fácil dar a luz de manera natural en los hospitales comarcales, como por ejemplo el de Mieres, el de Jarrio (Coaña), o el Valle del Nalón, en Langreo», señaló Ana Calso. Son muchos los profesionales que tienen interés en cambiar esta situación, pero también deben ser las propias madres las que lo exijan, claro que para ello han de conocer sus derechos.





