
González Novalín está en Asturias para presentar la reedición en dos volúmenes de su tesis doctoral a manos de la institución académica asturiana, una tesis 'summa cum laude' leída hace cuatro décadas en la que desnuda la figura de un inquisidor general «nacido en Salas en el seno de una familia de hidalgos emparentada con todas las casas importantes de Asturias». Poco original en sus actos, pero con un ideal: «Entendía que el dinero de la Iglesia es dinero de los pobres y que en los pobres debía ser gastado, en hospitales y universidades, y no en guerras ni en fuegos de artificio. No hubiera sido fundador de la institución académica asturiana si no hubiera sido rico».
Y por eso, aunque amasó fortuna como arzobispo de Sevilla, uno de los territorios más productivos de la Iglesia española en el XVI, miente como un bellaco al contador real que le reclama un tributo para las arcas del monarca: «Que los demonios me lleven si alguna vez vi 30.000 ducados juntos».
Pero hasta llegar a establecer la fundación de la Universidad en su testamento, la vida de Valdés Salas está, sobre todo, ajustada de Derecho: «Fue siempre un esclavo del Derecho. No perdonaba a nadie que no perdonase el Derecho». Y siguiendo esta máxima, explicó Novalín, combatió el luteranismo «escaso pero muy consistente» que había en España, dirigió autos de fe en los que murieron una treintena de personas, el proceso inquisitorial contra Bartolomé de Carranza y, en 1559, se convirtió en el impulsor del índice de libros prohibidos que Roma adoptaría como modelo para los índices que llegarían más tarde.
Son los hitos de una existencia que «no destaca tanto por el relieve de la persona como el de las instituciones que dirigió», precisó el sacerdote, quien apuntó además que a cada cargo religioso -«pasó por seis obispados en los que no ponía el pie, como buen obispo de categoría, absentista, y entre los que cogió con especial gusto el de Oviedo»- correspondió uno político, los de mayor transcendencia, como la presidencia de la Chancillería de Valladolid o del Consejo Real.
«Tras salir del colegio San Bartolomé de Salamanca el cardenal Cisneros, confesor de la Reina Católica y después regente, lo mete en su casa y en su corte, un grupo de eruditos en las ciencias eclesiásticas y políticas». Aunque su verdadero mentor fue el emperador: «Valdés Salas es una criatura de Carlos V, que le encomienda como primer trabajo una visita al Reino de Navarra, en aquella fecha, anexionado a Castilla y con un movimiento separatista. Hizo unas ordenanzas, una especie de estatuto de autonomía, que estuvieron vigentes hasta el XIX. De modo que su visita tuvo largas consecuencias».
Fernando de Valdés Salas vivió 85 años y su cuerpo descansa en la iglesia parroquial de Santa María de Salas, que mandó construir como panteón familiar. Su epitafio reza: «Aquí yace el ilustrísimo don Fernando de Valdés Salas. Docto, ejemplar, clemente y liberal».





