
Antes, y a lo largo de toda la jornada, los acontecimientos se desarrollaron tal y como estaba previsto. El presidente estadounidense, George W. Bush, que había aterrizado la víspera en la capital rumana procedente de Kiev, se desplazó ayer a Constanza, al este del país, donde pronunció un discurso marcado por los apremios a los europeos para redoblar los esfuerzos en Afganistán y para acoger en la OTAN a Ucrania y Georgia, de cuyas aspiraciones el mandatario norteamericano se declara firme valedor ante el Consejo Atlántico.
Bush se aproxima al final de su segundo y último mandato dispuesto a rentabilizar, como legado propio, la occidentalización de los países del antiguo bloque soviético. Su gira de estos días por el Este europeo y buena parte de su discurso de ayer en Constanza lo evidencian. Ayer recordó sus palabras de junio de 2001 en la Universidad de Varsovia, cuando afirmó que «todas las nuevas democracias europeas, desde el Báltico al mar Negro, deberían contar con las mismas oportunidades de libertad y seguridad, y de formar parte de las instituciones de Europa». Los deseos de los países balcánicos occidentales de anclarse en Occidente, lo mismo que las de los gobiernos de Ucrania y Georgia, formarían parte de esa evolución histórica, propiciada por su política.
Aún consciente de las discrepancias manifestadas por varios socios europeos -España entre ellos- con la entrada de Ucrania y Georgia en la OTAN, Bush manifestó expresamente su apoyo a la idea. «Aquí, en Bucarest, debe quedar claro que se da la bienvenida a las aspiraciones de Georgia y Ucrania para formar parte de la OTAN y darles una orientación clara para lograr ese objetivo. La posición de mi país es clara: la Alianza debe admitir a Georgia y a Ucrania en el Plan de Acción para la Adhesión».
Jaap de Hoop Scheffer, el secretario general de la organización, se aproximaba a las tesis de Bush, al afirmar también, durante una intervención organizada por el German Marshall Fund, que «sea cual sea la decisión que adoptemos mañana -por hoy- sobre las demandas (de Ucrania y de Georgia) de ser admitidas en el Plan de Acción para la Adhesión, nuestro mensaje será claro y sin ambigüedades: sí, ambos países tienen su lugar en la integración euro-atlántica».
Sesenta aniversario
La perspectiva que se presenta como más plausible para la resolución del problema es que la cumbre prometa el MAP (Membership Action Plan) a ambos países, pero que no lo materialice hasta dentro de un año, cuando la OTAN cumplirá su sesenta aniversario.
Parece fuera de dudas que la cumbre ofrecerá un paso previo al MAP, lo que se denomina Diálogo Intensificado a Bosnia-Herzegovina y a Montenegro, al que ambos países optan como reconocía Bush ayer.
Por último, y aunque el presidente norteamericano los citaba textualmente ayer, la posibilidad de integración inmediata de los restantes tres candidatos balcánicos -Croacia, Albania y Macedonia- no está del todo claro en lo que concierne a Macedonia. A falta de un acuerdo sobre el nombre del país, Scopje afronta el veto griego. Las perspectivas europeas y atlánticas del país están a punto de esfumarse.
Afganistán continuaba siendo ayer por la noche una fuente de incógnitas. Francia no había desvelado la talla del refuerzo que Nicolas Sarkozy ha comprometido verbalmente para reforzar a la Isaf ni su zona de despliegue, pero el primer ministro canadiense, Stephen Harper, se declaraba esperanzado.
Contrariamente a las prácticas habituales de la OTAN, donde los temas se consensúan con gran antelación, los temas principales de esta cumbre estaban ayer por discutir. Hoy es la jornada clave.







