
-¿Cómo se lleva la relación del Tribunal de Cuentas con los organismos autonómicos?
-La relación es muy buena. Los órganos de control externo de las comunidades, en concreto la Sindicatura de Cuentas en el caso de Asturias, son imprescindibles para controlar la labor y la gestión del sector público correspondiente. Además, tenemos unas cuantas tareas comunes que exigen actuar en cooperación desde un planteamiento de lealtad. Yo no he encontrado más que apoyos y colaboraciones muy útiles en todos los órganos de control externo que hay en doce autonomías.
-¿Está bien delimitado el ámbito competencial de cada organismo?
-Está bien delimitada, pero para los casos concretos, como por ejemplo las fiscalizaciones horizontales como la última que se ha hecho de universidades, establecemos unas reuniones en las que establecemos las pautas del trabajo y las directrices técnicas para saber qué es lo que uno puede hacer sin invadir el campo del otro.
-Hace mención usted al informe sobre las universidades en España, que deja entrever importantes deficiencias en su gestión.
-Daba deficiencias en algunas, no en todas. Hay que tener en cuenta que el informe examina a las 49 universidades que existen en España y hemos encontrado de todo. Pero al hacer un análisis pormenorizado, establecemos un parangón sobre los distintos sistemas que tienen para el control interno o la contabilidad. Abordar esas deficiencias es el primer paso para diseñar una gestión que es vital para el progreso de España.
-¿Qué tal ha salido parada la Universidad de Oviedo?
-Muy bien. La Universidad de Oviedo tiene funcionando magníficamente el control interno. Tiene un sistema de contabilidad que sólo funciona en 11 de los 49 centros. En este sentido, considero que es una universidad modelo.
-El Tribunal de Cuentas ha realizado un informe sobre el patrimonio urbanístico de los ayuntamientos. ¿Cuándo se podrán conocer las conclusiones este documento?
-Ese informe tiene que pasar por alegaciones y al final del trimestre que viene podrá verlo el pleno del Tribunal de Cuentas.
-¿Podría avanzar algo del contenido de este documento?
-No. También nosotros tenemos secreto de sumario.
Apoyo unánime
-Es curioso que su nombramiento como presidente del Tribunal de Cuentas se realizó por unanimidad en estos tiempos tan convulsos entre los dos grandes partidos. ¿Es este el consenso que hace falta en otros organismos públicos?
-No lo sé. Quizás, la unanimidad la facilitó el hecho de que la renovación de los consejeros del Tribunal de Cuentas se realiza cada nueve años. Llevábamos seis conociéndonos y trabajando juntos y eso, quizá, ha hecho posible que hayan confiado en mí para presidir la institución en los tres meses que nos quedan de mandato.
-Hay otras instituciones que siguen un procedimiento similar para su renovación y, sin embargo, es conocida la división interna que sufren.
-Yo no me quiero meter en casa ajena. Bastante tengo con la mía.
-Usted, como dirigente popular, ¿cree posible un pacto entre los dos grandes partidos durante esta legislatura para limar viejas asperezas?
-Yo creo que sí. En los cuatro grandes pactos, las dos grandes fuerzas -que en este momento tienen el 92% de los escaños en el Congreso, algo que no ha ocurrido en toda la historia de la democracia- están abocados a entenderse.
-En esta legislatura se debe abordar el debate de la financiación autonómica. ¿Corre peligro el principio de solidaridad?
-Ese es el caballo de batalla. La solidaridad e igualdad de derechos, que está establecido como marco fundamental en la Constitución, es justo lo que se tiene que considerar a la hora de arbitrar un sistema de financiación para que nadie quede perjudicado. Ahí no tiene que haber discriminaciones.
-¿Hay motivos para alarmarse ante la recesión económica que se avecina para los próximos años?
-La evolución de la economía es impredecible, pero es cierto que no estamos pasando por una buena etapa, aunque yo confío en que se pueda superar.





