Hace unos cuantos años un investigador, con la seriedad de un buey, sacó en conclusión que Cristóbal Colón había sido una mujer, que se disfrazó de hombre para dedicarse a la aventura, y la noticia la difundieron todos los periódicos. Cuando un grupo teatral de Gijón hizo el montaje de 'Cristóbal Colón' de Michel Ghelderode, tuvo en cuenta este dato, y al navegante lo interpretó una actriz, lo que no hubiera quedado mal tampoco en este aquelarre de Corsario, donde se mezclan la ternura del teatro infantil con el humor negro y el esperpento. Este Colón, más que iconoclasta, se reduce a desinflado y pueril; un personaje que no se sabe muy bien donde nació ni a donde ha ido a parar con sus huesos. Los titiriteros de barraca, lo dibujan como un fantoche, con las debidas licencias. Tampoco el propio Colón sabe donde va, ni de donde viene, y ni siquiera conoce el lugar a dónde ha llegado cuando cruza los mares. Toda una entelequia.
La representación comienza como un trueno, según la máxima de Mille para las películas, y a partir de ahí debería seguir creciendo. Pero, por momentos el juego del cante, el baile y la pantomima decae, y el ritmo se resiente, aunque sin llegar al bostezo. Con todo, nos queda un buen espectáculo, trabajado a conciencia por trece actores que se multiplican para agradar, en una labor teatral y circense. Todo ello, en el Día Mundial del Teatro, con lectura previa del canadiense Robert Lepage, conocido entre otras facetas por ser uno de los directores del Circo del Sol. Un espectáculo entretenido el que nos ha ofrecido Teatro Corsario, al que quizá le sobre algunos minutos en la parte final, cuando cesa la acción y se convierte en puro discurso. LA BARRACA DE COLÓN
Autor y director: Fernando Urdiales. Intérpretes: Jaime Rodríguez, Ricardo Vicente, Julio Lázaro, Rosa Manzano, Jesús Peña. Compañía: Teatro Corsario. Lugar: Teatro Jovellanos





