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Cultura

XUAN BELLO ESCRITOR
«Mi nuevo libro tiene una mirada más escéptica, bordeando el abismo»
El autor de 'Paniceiros' cierra un ciclo narrativo con 'La hestoria tapecida', que incluye tres novelas y varios relatos, y deja vía libre a una literatura que amplía horizontes y se abre a las relaciones personales
04.04.08 -

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«Mi nuevo libro tiene una mirada más escéptica, bordeando el abismo»
AUTOR. Xuan Bello presentó ayer en Oviedo su nuevo libro 'La hestoria tapecida'. / MARIO ROJAS
Tiene 42 años, éxito profesional y una vida feliz. Pero, sin embargo, Xuan Bello ha optado por instalarse en el escepticismo en su último libro, con el que cierra un ciclo narrativo. Es una cuestión de madurez más que de pesimismo. Ahora mira al mundo desde la perspectiva de quien lleva mucho tiempo poniendo los ojos aquí y allá y ha descubierto que es grande y hermoso, pero también complicado. 'La hestoria tapecida' (Ambitu) cierra el círculo abierto con 'Historia universal de Paniceiros', continuado con 'Cuarteles de la memoria' y que, hace sólo unos meses, llegó a su penúltimo capítulo con 'Al dios del lugar'. Tiene este último trabajo, que incluye tres novelas cortas y una serie de relatos, un sabor agridulce, el que dejan el pasmo ante la maravilla del mundo y el desánimo ante las decepciones. «Yo entiendo la literatura como consuelo, no soy un artífice de abismos para el lector, sino que intento ofrecer puentes sobre el abismo», aclara el autor, que acaba de editar la obra en asturiano que pronto verá también la luz en castellano.

-Dice que con 'La hestoria tapecida' cierra un ciclo narrativo. ¿Por qué?

-Según van pasando los años vamos cerrando círculos vitales y eso es normal, es algo que nos tiene que dar alegría porque significa que seguimos vivos. Hay una constatación de que este libro nace en un momento diferente, que es una reflexión sobre el tiempo desde otra perspectiva, más madura, de una persona que ya tiene cuarenta años y que reflexiona sobre su vida de otra manera. A eso me refiero cuando hablo del cierre de un ciclo. Aparte de esto, digamos que el territorio narrativo que yo configuré con 'Paniceiros' y en el que se insiste otra vez en 'La hestoria tapecida' no es que lo dé por agotado, ni mucho menos, estoy seguro de que voy a volver a él, pero considero que hay una especie de ampliación de horizontes.

-¿Cuáles son esas reflexiones que plantea en su obra?

-Yo creo que en un libro tiene que suceder el tiempo, porque el principal personaje es precisamente el tiempo, cuyo paso produce alegrías y decepciones. El gran tema en mi narrativa ha sido siempre la memoria, que nos permite que nos llamemos de una determinada manera, que pisemos sobre el suelo, pero ahora también advierto de la necesidad del olvido. El olvido, a veces, también es deseable.

-Le veo muy filosófico.

-Tal vez. Yo prefiero contar en los libros la atmósfera, los conceptos más abstractos. Creo que un libro es siempre la vida de un hombre, que entra con un tiempo y acaba saliendo con otro y lo que hay que conseguir es que el lector que lo lea perciba cómo sucede el tiempo.

-Alguien que haya seguido toda su obra, ¿qué se va a encontrar en este libro que no haya mostrado en los anteriores?

-Pues se va a encontrar seguramente una mirada más escéptica, más personal, bordeando el abismo sin caer en él.

-¿Por qué ese pesimismo?

-Por muchas cuestiones. Yo siempre creí en la potencia imparable de la literatura, en la literatura como forma de querer salvar el mundo. Creo que transforma muchas cosas, pero hay otras que simplemente no las puede cambiar. Por ejemplo, mi preocupación por la vitalidad, sucesión y proyección futura de la lengua asturiana yo la veo muy comprometida. Pienso que determinada sensibilidad que se generó alrededor de la literatura asturiana fue de alguna manera aceptándose y compartiéndose con la sociedad, pero eso no logró transformar determinadas conciencias decisorias y eso produce una decepción. También el propio paso del tiempo por nosotros. Nos pasa a todos, no creo que sea algo propio, pero el entusiasmo no se apaga, pero sí que se matiza por el escepticismo.

-Defina el libro de forma metafórica.

-La metáfora podría ser: un viajero un día se levanta al amanecer y comienza a andar en dirección a su patria, pero a estas alturas ya sabe que no va a llegar a su patria, encontró por el camino el extranjero y se ha dado cuenta que allí no se está tan mal.

-¿Hay una salida de Asturias?

-No identificaría en este caso Asturias con patria, sino que sería un concepto menos anclado a la tierra, sino que significa cierta concepción y sensibilidad cultural y cierta creencia en la literatura.

El noroccidente

-Cierra etapa narrativa y en la nueva los escenarios de sus novelas van a ser menos ubicables, ya no van a estar en Asturias.

-Eso forma parte de una reflexión que estoy haciendo últimamente. Creo que hay un espacio narrativo noroccidental que yo ubiqué en Paniceiros, en Asturias, en el Bierzo, pero que realmente podría estar en otros lugares, como una provincia gallega. Cuando me refiero a esa difuminación del espacio no hablo de que vaya a dejar de haber una vinculación de mi narrativa con un espacio concreto, sino que ese lugar se va a difuminar más.

-¿Ya ha empezado ese cambio?

-Sí, por ejemplo, la novela que estoy escribiendo ahora, que se titula 'Crisis', ya pertenece a otro ciclo narrativo. Sucede enteramente en Portugal, pero podría suceder en Oviedo o en Ponferrada o en cualquier espacio de ese noroccidente.

-En su caso hay una relación muy clara entre la literatura y la tierra, parece como si quisiera romperla.

-No, tal vez quiera buscar una vuelta a ese concepto para darle más fuerza.

-Abre ciclo. ¿Cómo va a ser?

-Está en ciernes. Me da la impresión de que en este nuevo ciclo me voy a interesar más por las relaciones cotidianas entre las personas y no tanto con la sociedad y la memoria colectiva.

-Habla de esa desubicación de los escenarios, pero sin embargo en este último libro se ha adentrado en otros territorios, aparte de clásicos como Oviedo y Paniceiros, también la cuenca minera y hasta Gijón

-Sí, aparece Gijón también porque en uno de los relatos, 'La cueva del olvido', los primeros escenarios están en la ciudad y es en ella donde sucede todo, aunque es a través de una entrevista a una persona de la cuenca. No es esto un cambio de concepto, sino una ampliación. Uno cuenta lo que ve, yo no podría escribir sobre el Tokio del siglo XIX, confieso mi incapacidad para hablar de territorios en los que no he vivido. Pero el azar de mi vida me llevó a vivir en Asturias, en Portugal, a tener vinculaciones determinadas con Galicia, el gallego era la lengua de mi padre, y eso configura ese espacio geográfico y todo esto viene subrayado por la presencia de escritores a los que admiro mucho y que son de este territorio. Estoy hablando de Miguel Torga, de Pérez de Ayala, de Alvaro Cunqueiro, Julio Llamazares, Antonio Pereira... Todos ellos tienen un aire de familia.

-¿En qué anda metido en materia poética?

-Sigo escribiendo poemas que se van yendo a una carpeta, y últimamente ya tiene título esa carpeta, 'La decepción arrebatada', pero eso no quiere decir que vaya a salir pronto. Simplemente yo sigo metiendo poemas en la carpeta y algún día saldrá el libro.

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