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El primer mundo de Aurelio Suárez
Un libro, que servirá de catálogo a la próxima exposición gijonesa del pintor, saca a la luz una colección inédita de creaciones de diversa temática que relacionan su mundo con el de la infancia
04.04.08 -

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El primer mundo de Aurelio Suárez
INFANTILISMO AURELIENSE. Una de las piezas que destacan de la exposición y el catálogo.
Paisajes, bodegones, homenajes marinos, retratos de mujeres, de hombres y de niños, escenarios oníricos y guiños diversos en gouache, tinta y lápiz, o lo que es lo mismo una destacada parte del mundo inédito de Aurelio Suárez, aparece ahora volcada en las páginas de un libro. Su publicación arroja luz sobre una de las etapas más desconocidas del creador, aquella que le relaciona con el mundo de la infancia, pero además se comporta como anticipo de una exposición no venal que pondrá en las paredes de la galería Cornión, entre el 4 de julio y el 30 de agosto, todas las obras, ahora revisadas por primera vez sobre papel.

No será la única cita de la herencia del extraordinario pintor gijonés, fallecido hará el próximo jueves cinco años, con la mirada pública. Algunos días antes, el 27 de junio abrirá sus puertas en el Centro de Escultura Museo Antón de Candás, otra destacada exhibición de su obra. Dedicada al universo femenino, permanecerá abierta hasta el 7 de setiembre y contará, en honor al espacio que la acoge, con alguna muestra de su poco habitual dedicación a la escultura.

Pero la obra a la que ahora se pone focos es la que integrará la muestra gijonesa y que ofrecerá, como cada encuentro con el legado de Aurelio Suárez, nuevas herramientas para su conocimiento. En este caso, además, se cierra el círculo ante el emblemático creador, ya que los márgenes de esta exposición se circunscriben al mundo infantil, su primer mundo. De hecho se presenta bajo el sugestivo título de 'Infantilismo aureliense'.

Análisis de experto

Para teorizar sobre ese universo y la mágica conexión que lo sustenta, la publicación cuenta con la mirada analítica de Alfonso Palacio, que explica en sus páginas, cómo el «interés que entre los primeros vanguardistas despertaron las expresiones plásticas de los niños», tiene una presencia evidente en esta colección aureliana. En parte, advierte Palacio, por la admiración que, como otros creadores de época, sintió Aurelio Suárez ante la manifestación de «pureza, fuerza, imaginación y espontaneidad» de la infancia, pero también debido a la preocupación «por la figura del niño en general», como objetivo sobre el que actuar, «a través de una adecuada política de educación artística, con el fin de alcanzar su ansiado propósito de cambiar la sociedad».

Ambas cuestiones están en la herencia del pintor gijonés. La primera es muy evidente en la obra que se puede contemplar ahora página a página y se podrá admirar en verano, cuadro a cuadro. Pero, en palabras de Palacio, también el segundo planteamiento es una realidad notable, ya que, según cuenta, esa preocupación social y teorizada por la educación artística «fue conocida por el artista hasta el punto de llegar a influirle en su trabajo».

Abunda el análisis en el hecho de que Aurelio Suárez estaba muy al corriente de los trabajos que «desde determinados sectores del arte español se realizaron durante la década de 1930 con el fin pedagógico de mejorar no sólo la formación artística de los niños, sino su educación en general» y que tal conocimiento es «un hecho constatable a la luz de las presentes obras».

La vida en un verso

El libro-catálogo, que presenta el propio galerista de Cornión Amador Fernández, como una parada extraordinaria en su programación y que ve la luz en una edición numerada, cuenta con la deliciosa poesía visual de Miguel Mingotes, colaborador de EL COMERCIO, que resume en pocos líneas y un verso el trazado existencial de Aurelio Suárez ante sus ojos.

Todo, libro y exposición «podrá sorprender al espectador avezado», asegura el galerista, y atiende su comentario, entre otras muchas cosas, al hecho de que por primera vez el pintor se libera de sus formatos pretederminados por la técnica y el soporte, pero sobre todo, espera sorpresa en la mirada porque la colección reúne «una obra de una calidad y de un interés muy sobresaliente».

'Infantilismo aureliense', que ha contado con el patrocinio de las firmas Angoca y El Muelle, recupera más de cien obras seleccionadas y divididas en tres fases, por Gonzalo Suárez, hijo del creador fallecido. Entre ellas destaca una colección de singulares felicitaciones navideñas, totalmente inédita, algunas de ellas realizadas sobre antiguos catálogos de exposiciones del propio Aurelio Suárez y una serie de pensamientos aurelianos con los que se cierra el libro.

Reúnen publicación y exposición obras que abarcan desde la década de los 20 a 1999, justo cuatro años antes de su muerte. Toda una vida que permitirá también comprobar cómo el trazo firme de joven pintor también fue cumpliendo años. Toda una vida que ahora rinde tributo a otra, la de Rubio Camín al que se dedica el nuevo encuentro de Suárez con el presente.

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