He aquí el primero:
Que un memo memorable como George Bush, digno de encabezar un libro recordatorio universal de memos titulado Memorándum, presida el país más poderoso del planeta.
Ahí va el segundo:
Que el Ayuntamiento de la villa de Jovellanos y del PSOE haya dilapidado un montón de dinero en concursos de ideas para cambiar la fachada marítima del Muro de San Lorenzo, y finalmente todo se reduzca a poner espejitos en unos pocos edificios, de esos a los que el eximio Jesús Morales quería meter el serrucho a partir de la quinta planta.
Y ahora vamos ya con la anécdota prometida:
Se desarrolla en un hospital cualquiera, al que acude un tal Rufino, por alias 'El cenizu', a visitar a un amigo moribundo. Se acercó al enfermo, entubado, para musitarle unas palabras cariñosas al oído, pero no llegó a cumplir su propósito porque el yacente, con el rostro congestionado y los ojos desorbitados, comenzó a hacer gestos para que le acercaran algo con lo que escribir.
Con un bolígrafo y una cuartilla en su poder, apenas le restó tiempo para garabatear unas palabras antes de expirar. Su amigo, nervioso y afligido, se guardó el papel sin haberlo leído en un bolsillo de la chaqueta; la misma que llevaba puesta al día siguiente en el tanatorio. Mientras hablaba con los familiares del fallecido, Rufino encontró la nota póstuma y se la pasó a la desconsolada viuda:
«Preferiría que fuera tu quien leyera sus últimas palabras».
Así lo hizo:
«¿Quítate de encima del tubo del oxígeno, so mamón!».
Algunos de los presentes no tuvieron más remedio que abandonar la sala para poder reírse por un tubo.





