
El Sargento Cole Weih, de Dubuque (Iowa), por ejemplo, lleva siempre consigo las placas que pertenecieron a su abuelo durante la II Guerra Mundial. Weih dice que las placas son un trozo de su hogar que lleva consigo como un recordatorio de que no solo es un soldado, sino que hay todavía un hogar al que volver.
El Sargento Jon Fleenor, de Sacramento (California), tiene un oso de peluche, que le regaló su mujer, y que lleva siempre encima como un amuleto de buena suerte. Tras sobrevivir a un ataque con bomba en una carretera iraquí, Fleenor no quiere desprenderse del osito que llevaba con él ese día. «No creo en él necesariamente, pero cuando no lo llevo conmigo un día, si se me olvida, no me siento bien. Así que supongo que funciona. De momento sigo vivo», dijo el sargento cuando se le tomó la fotografía.
El especialista Derek Griffard, de Santa María (California) no se separa del rosario con crucifijo de su primera comunión, que lleva siempre encima como un talismán de buena suerte. «Cuando tu vida está en riesgo, solo tratas de aferrarte a cualquier cosa que pienses que te ayudará a seguir adelante y volver sano y salvo a tu casa para ver a tu familia», señaló Griffard.





