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Bancos
04.04.08 -

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Que la banca siempre gana es una verdad que nadie ha puesto jamás en duda, pero que en este principio del siglo XXI en el que desde los ámbitos más diversos se viene hablando de una crisis cuyas consecuencias aún están por ver, los beneficios de la gran banca no sólo disminuyan si no que aumenten de manera constante, no parece ni ética, ni políticamente, aceptable.

Una vez más, y como en tantos otros casos, se crea el problema y de su resolución se sacan beneficios. Primero se especula con operaciones de enorme rentabilidad, aunque no de menor riesgo, y si, como en esta ocasión, el resultado es negativo, aparecen los bancos centrales para resolver el conflicto.

Coinciden ahora todos los expertos en afirmar que la banca era consciente de los problemas que podrían surgir con la concesión desmedida de lo que se dio en llamar hipotecas basura. ¿Por qué entonces entidades cuyo principal objetivo es ganar dinero arriesgaron tanto? No parece que la respuesta esté muy alejada de la lógica capitalista. Si las cosas van muy mal, quienes permanentemente rechazan la intervención del Estado, no tendrán ningún pudor, como en este caso, en reclamarla para que les saque las castañas del fuego y después ya se volverá, directamente y a través de sus voceros, a reclamar la independencia absoluta del mercado.

Cuando para la banca las cosas vienen mal dadas, se recurre de inmediato a los bancos centrales, organismos de funcionamiento totalmente opaco que, con la connivencia de los gobiernos, deciden subir medio punto, o lo que haga falta, el tipo de interés, lo que supone que, en la misma proporción, millones de familias pasan a tener mayores dificultades para llegar a finales de mes, millones de euros y de dólares pasan a engrosar las cuentas de un reducido número de banqueros que son, en definitiva, los dueños de la tierra.

Sesenta mil millones de dólares es la cifra que, según parece, los bancos centrales han inyectado a la banca europea y norteamericana y junto a esa cifra, que podría resolver cientos de conflictos y problemas en cualquier parte del mundo a la que no llegan ni las migajas, no parece que se haya dado ninguna orden de terminar, de una vez por todas, con la especulación.

En otro tipo de bancos, esos que los ayuntamientos colocan en parques y jardines, más de un jubilado, agobiado por la escasez de la pensión que cobra, se hace una pregunta ¿en qué perjudicó verdaderamente esta crisis a los bancos? Bob Dylan diría que la respuesta está en el viento, pero la realidad es mucho menos poética y resultará fácil encontrarla en los balances anuales que los grandes bancos van a presentar a sus accionistas.

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