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Cultura

CRÍTICA
Cuento de hadas
05.04.08 -

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EL Festival de Danza de Oviedo se inauguró el jueves en el Campoamor con la puesta en escena del Ballet del Kremlin de 'La bella durmiente'; un ballet en un prólogo y tres actos con música de Tchaikovsky y coreografía de Petipa supervisada por Andrey Petrov. Basado en un cuento de Perrault, el argumento recoge los tópicos presentes en los cuentos de hadas de la tradición oral europea del XVIII. Desde su estreno en 1890 en el teatro Mariinsky de San Petersburgo, 'La bella durmiente' ha sobrepasado la categoría de 'féerie' para asombrar al público por su lirismo, exigencia técnica y esplendor visual. La historia de la princesa condenada por un hechizo a vivir sumida en la sombra del sueño hasta que un príncipe la despierte con un beso es secundaria. Lo que en realidad fascina al espectador es el juego de piruetas y giros solísticos de gran dificultad y la concatenación de números corales imaginativos y efectistas.

El montaje de 'La bella durmiente' se ha concebido tradicionalmente como un canto a la opulencia escénica y al exotismo. Numerosas versiones optaron por el lujo y la grandilocuencia. Con frecuencia, los decoradores jugaron al 'quién da más'; los figurinistas persiguieron obsesivamente la ostentación, y los bailarines forzaron la sutileza de los movimientos hasta sustituirlos por exhibiciones gimnásticas. El Ballet del Kremlin sigue otra línea: la de la austeridad y la economía de medios cayendo, más de lo deseable, en la simplicidad.

La propuesta presentada en Oviedo, digna y meritoria, habría ganado con un despliegue técnico más allá de la discreción. Solventar los cambios de escena con simples telones y presentar rudimentarios objetos de atrezzo, empobrece la trama. El vestuario, colorista pero en absoluto innovador, precisa una revisión y las luces, con escaso protagonismo, apenas se aprovecharon como refuerzo dramático. El equipo artístico brilló a mayor altura y se creció a lo largo de la velada desde la tibieza inicial de 'El hechizo' hasta la corrección y pulcritud del 'divertissement' final. Los papeles de Carabosse, el Hada de las Lilas y El Pájaro Azul, defendido por un Maxim Afanasiev explosivo y vibrante, evidenciaron esmero. Cristina Kretova, princesa Aurora, se mostró delicada y elegante; contenida en el gesto y segura en el 'Adagio de la Rosa' y en el grand pas de deux. Sergei Smirnov, príncipe Désiré, responde al prototipo de danzarín atlético y versátil. Defendió con rotundidad su papel en 'La visión' y acompañó con habilidad a Kretova en 'Las nupcias'. El Campoamor, rozando el lleno, despidió prolongada y calurosamente a todo el elenco. 'LA BELLA DURMIENTE'

Música: Piotr I. Tchaikovsky Compañía: Ballet del Kremlin

Coreografía Marius Petipa. Puesta en escena: Andrey Petrov.

Lugar: Teatro Campoamor.

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