
En el box de Renault, Alonso trabajaba sin descanso con sus mecánicos en busca de un equilibrio aerodinámico que le permita ir lo mejor posible en un trazado, el de Sakhir, que combina largas rectas y fuertes frenadas. Pero el resultado, pese a tratarse de una jornada de pruebas, no fue el deseado.
Lo cierto es que el ovetense finalizó ayer en duodécima posición, a dos segundos y 335 milésimas del Ferrari de Felipe Massa, el mejor en ambas tandas. El asturiano llegó incluso a tocarse con el Force India de Sutil, a falta de poco más de un minuto para el final de la segunda sesión, en una acción que acabó con ambos haciendo un trompo.
Esta mañana, Fernando Alonso tendrá una última oportunidad de buscar soluciones que le permita estar entre los diez mejores de la sesión de clasificación. Será en la tercera y última sesión libre, justo antes de la tanda que decidirá el orden de salida de la carrera de mañana. Al menos, el ovetense sabe que el coche tiene potencial para estar décimo, el puesto en el que se clasificó su compañero de equipo, el brasileño Nelson Piquet, en la sesión vespertina.
Por su parte, el aparatoso accidente en el que se vio implicado Lewis Hamilton fue un fogonazo súbito que sacudió el paddock. Sucedió en la segunda sesión de entrenamientos libres, vuelta 21 del inglés. Su McLaren pisó uno de los pianos y el piloto perdió el control de la situación. Hizo un trompo y chocó violento contra los neumáticos de protección. Sacudida rotunda que dejó el monoplaza de plata hecho un guiñapo.
Presuroso y enérgico, el británico salió del bólido en el tiempo reglamentario que marca la Federación Internacional de Automovilismo para conceder la licencia. Antes de diez segundos, Hamilton ya había extraído el volante, quitado los cinturones de seguridad y abandonado el habitáculo a todo escape.
Un 'siniestro' vigilado
Por una de esas casualidades de la vida, en vez de ir al desguace, el coche acabó delante de la sala de prensa del circuito. Y comenzó la otra operación, la quirúrgica. La que llevan a cabo los empleados de McLaren y de cualquier otro equipo de F-1 para evitar la publicidad lesiva.
Nueve operarios de la escudería de Ron Dennis mimaron los amasijos de fibra de carbono del coche como si fuese un recién nacido. Mientras, los comisarios de la FIA ejercían en plan policías municipales en la retirada del vehículo. Y una lona negra evitaba ver más de lo necesario y ponía el punto y final a la función.
«Es una pena que no haya podido terminar la sesión, pero estas cosas pasan a veces. Tenemos que cambiar la caja de cambios y espero no ser demasiado impopular para los chicos del garaje», bromeaba Hamilton. ENVIADO ESPECIAL








