Saltar Menú de navegación
Hemeroteca |

Local

GIJÓN
Hacía calor
05.04.08 -

Cerrar Envía la noticia

Rellena los siguientes campos para enviar esta información a otras personas.

Nombre Email remitente
Para Email destinatario
Borrar    Enviar

Cerrar Rectificar la noticia

Rellene todos los campos con sus datos.

Nombre* Email*
* campo obligatorioBorrar    Enviar
ERA agosto, hacía mucho calor. Presencié como una mujer armada con un llavero 'atacaba' a un automóvil que, claro, no era el suyo. Ya saben, uno se encorajina e inmediatamente se ofrece a ir a testificar a donde sea. Yo tenía todo en mi cabeza. El aspecto de la mujer, el del coche, la vestimenta de la agresora, sus sandalias blancas, su cara furiosa. La situación exacta dentro del parking. Todo controlado a pesar de que hacía muchísimo calor. Mis ganas de testificar se disolvieron con la misma rapidez que desapareció mi encorajinamiento. Había dado mi palabra.

Pasaron meses, muchos meses. Olvidé el incidente, el coche, a la agresora, a la propietaria del coche 'agredido'. Olvidé el verano, lo que era el calor. El parking, el color del automóvil, el modelo.

Volvió a hacer calor, el incidente quedó almacenado en ese lugar del cerebro que tanto se parece al desierto de Los Monegros. Empezó a refrescar y volví a ponerme el abrigo. Ese mismo día, con la caída de la hoja y el cielo encapotado, recibí la citación.

Y llegó el día ventoso en el que se celebró el juicio. Desconozco si fue mi poder de convicción o mi arte interpretativo. No recordaba nada. La agresora era una total desconocida. El coche podría haber sido una moto. La llave, una sierra de calar. El aparcamiento, un polígono industrial. Porque, mientras improvisaba mi testimonio, sólo podía recordar unas sandalias blancas y que hacía calor, mucho calor.

Se hizo justicia, con una testigo amnésica, un año y medio más tarde. No tuvo ninguna importancia. Ningún ser humano había tenido ningún daño. Ni siquiera la indemnización era significativa. No había dolor, ni sangre, ni muertos. Sólo calor.

La lentitud de la justicia no es nada nuevo. La ineficacia es tan usual en la judicatura, como puede ser en el sector de la construcción. La desidia del funcionariado es a veces un chiste, otras, una realidad. Es lo que ha. Quizá a partir de hechos tan tristes como el asesinato de una niña de cinco años en Huelva las cosas cambien. Entre tanto se busca cabeza de turco y después ya olvidaremos.

| Comparte esta noticia -

¿Qué es esto?

Opina

* campos obligatorios
Listado de comentarios
Vocento
SarenetRSS