Quiero decir con esto que la Justicia, como tal, es lenta. Y es así por definición: hay unos derechos, unas garantías y unos plazos. Pero, claro, nadie pide que, además de ser lenta, se precie de serlo. Sobre todo, cuando la lentitud deriva en actuaciones negligentes que dan pie a auténticas desgracias. Toda maquinaria administrativa es rígida y pesada pero, en la era de la información, sorprende que en el estamento judicial desconozcan lo que es 'cruzar datos', de modo que si alguien tiene una causa pendiente en Albacete no se pueda pasear tan ancho por la playa de la Concha. Se sabe que el lenguaje jurídico suena a arcaico, y no es de extrañar, teniendo en cuenta que las citaciones y notificaciones se deben entregar en burra, visto lo tarde que llegan a su destino. Es lo que tiene vivir en un sub-mundo en el que todo va muy lento, en el que un juez espera sentado cinco meses a que una funcionaria deje de estar de baja. Seguro que, si no le apagan la luz, se queda dentro del juzgado toda la noche extrañado, porque no aparecen ni encausados ni abogados.
Descolgarse ahora a pedir más medios suena a chiste, y más, con los funcionarios en huelga salvaje, con la que está cayendo. Si dos juzgados son incapaces de intercambiar una ficha, sólo Dios sabe el caos que se puede montar creando varias salas más. Lo único que hay que hacer es usar un medio en desuso: el sentido común. Lo demás, son excusas.





