
Eso es común a todas las cirugías, aunque en la cardiaca «tenemos algunas limitaciones, porque el corazón está muy bien protegido y para hacer muchas cosas necesitamos tener un acceso amplio. Por eso, aunque la técnica siga avanzando como hasta ahora, será casi imposible que llegue a desaparecer la cirugía convencional que requiere de la apertura del tórax».
En los últimos quince años la técnica ha revolucionado la cirugía. «Ahora contamos con cámaras con una calidad de imagen espectacular, los 'stents' son una maravilla... El campo de las angioplastias es el que más se ha beneficiado, pero también han surgido las técnicas endoscópicas para sacar venas para el by-pass, las endoprótesis aórticas, ahora el implante de válvulas... Y aún queda mucho camino por recorrer». Las nuevas formas de operar requieren de una colaboración directa entre cirujanos y hemodinamistas, que son los expertos en el manejo de los catéteres, imprescindibles en la cirugía poco invasiva.
«Muchas veces los cirujanos pueden tener reticencias ante la extensión de las nuevas técnicas porque quitan protagonismo a su labor tradicional, pero nosotros miramos por el bien del paciente y nos compenetramos sin problemas. Lo que también están cambiando son los quirófanos convencionales, ya que ahora se tiende hacia salas mixtas que tengan la calidad de imagen de hemodinámica y la posibilidad de convertirse en un quirófano si surgen problemas. Lo básico es asegurar la vida del paciente».





