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Cultura

DANZA
Capuletos y Montescos
06.04.08 -

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EL Ballet del Kremlin interpretó el viernes el ballet 'Romeo y Julieta' en su segunda intervención en el Festival de Danza de Oviedo. La tragedia de Shakespeare ilustrada con música de Prokofiev se desarrolló siguiendo la coreografía de Yuri Grigorovich; sin duda, una de las más personales y acertadas de las que este maestro ha diseñado a lo largo de su dilatada carrera.

El amor imposible entre los jóvenes amantes de Verona y la rivalidad agresiva entre los Capuletos y los Montescos se plasma con brillantez y expresividad en el trabajo minucioso de Grigorovich. Tanto que el espectador se identifica espontáneamente, de principio a fin, con los diferentes perfiles psicológicos de los personajes y participa expectante de la gigantesca tragedia que teje el libreto.

Las críticas que llovieron sobre la partitura de 'Romeo y Julieta' estuvieron a punto de desanimar a Prokofiev cuando directores artísticos y bailarines, tras escucharla, mostraron reticencias a la hora de diseñar una coreografía verosímil. El tiempo y los reajustes realizados por el compositor culminaron en uno de los ballets más espectaculares del siglo XX. La fuerza arrolladora y la expresividad colorista de la música son inapelables.

La coreografía de Grigorovich es palpitante y realista en los cuadros de conjunto -excelentes la lucha a espadas, el baile de máscaras y los cortejos fúnebres-; dúctil y lírica en los solos y pas de deux -soberbios los solistas en la escena del balcón, la boda y la muerte de los amantes-. Grigorovich suple con pericia la escasez de medios reconduciendo las miradas hacia las evoluciones del elenco, siempre compactas pero no abigarradas. Parte del éxito de su propuesta descansa en el vestuario -magníficos los figurines de Virsaladze- y los efectos de luces, invariablemente dentro de la discreción.

La labor de los bailarines principales fue excelente. Natalia Balakhnicheva, Julieta, estuvo delicada en el gesto y segura en los vuelos y piruetas; Sergey Vasjuchenko, Romeo, hizo gala de una técnica extraordinaria, imprescindible para el lucimiento personal y el de su pareja de baile. Aydar Shaidullin, Mihail Martyniuk y Yuriy Belousov en los roles de Teobaldo, Mercutio y Paris, respectivamente, defendieron sus intervenciones con vigor y determinación.

Al caer el telón, el público que llenaba el Campoamor premió a la compañía con una larga ovación. Gran noche de ballet.

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