
Con ese fin fue Valldemossa ayer la primera parada en este periplo de homenajes, conciertos conferencias y exposiciones dedicadas al prócer. En la misma iglesia cartujana en la que Jovellanos oró junto a los anacoretas, tuvo lugar el acto central de la jornada. La presentación, a cargo del Foro Jovellanos, de la obra del que fuera director de EL COMERCIO Joaquín Alonso Bonet titulada 'Jovellanos. Poema dramático', corrió a cargo del vicepresidente de la entidad, Fernando Adaro de Jove. Esta pieza dramática en cuatro actos, que fue recuperada del olvido por el presidente del Foro, Jesús Menéndez Peláez y que se editó con la colaboración de EL COMERCIO, sirvió ayer, en palabras de Adaro, para, reconocer «a Mallorca por la acogida que ofreció entre los años 1801 y 1808 a don Gaspar Melchor de Jovellanos con motivo de su reclusión en la isla, por el nombramiento posterior como Hijo Adoptivo de Palma en 1891 y en gratitud por los actos programados en el año 2008 para conmemorar el bicentenario de su excarcelación».
Agradecieron sus palabras la concejala Nanda Ramón; el alcalde y el concejal de Cultura de Valldemossa, Jaume Vila y Francesc Mulet, respectivamente, en un acto en el que también estuvieron presentes la consejera de Territorio insular, María Luisa Dubon; el director general de Proyectos de Presidencia del Gobierno balear, Francesc Gálvez; el comisario del Año Jovellanos, Pere Fuyana; la directora del Castillo de Bellver, Magdalena Roselló, y en representación del Ayuntamiento de Gijón, la directora de la Fundación Municipal de Cultura, Pilar Lafita, y el concejal de Educación y Cultura, Justo Vilabrille. Este último tomó la palabra para agradecer la buena acogida recibida por las autoridades isleñas y también para hacer un recorrido por los actos que se celebrarán en Asturias y que tienen que ver con las conmemoraciones jovellanistas, como un ciclo de conferencias, en colaboración con el Ateneo Jovellanos, y el Congreso Internacional sobre la Ilustración que girará en torno a Carlos IV.
Recorrido
Así se desarrolló el programa oficial, pero momentos antes en la Cartuja había tenido lugar un recorrido entrañable por las distintas estancias del cenobio frecuentadas por Jovellanos en las que entró desolado como recluso y salió como un ilustre huésped. Al tiempo que las autoridades realizaban su visita turística, Concepción Bauza, una de las propietarias de las celdas de la Cartuja que pasaron a manos privadas tras la desamortización de Mendizábal, hizo las veces de guía y fue dando cuenta de la experiencia vital del gijonés entre los muros del noble edificio.
En este monasterio levantado en la sierra Tramuntana como palacio del rey Sancho I, pero que nunca llegó a ser residencia, Jovellanos se sometió voluntariamente a las rigurosas normas de la vida de los cartujos. Una vida que arrancaba a las once y media de la noche para rezar, volvía a resurgir a las seis de la mañana para trabajar y en la que, entre otras curiosidades, estaba prohibido comer carne.
Allí comenzó Jovellanos sus investigaciones, estudiaría botánica e incluso se fijó como meta escribir la historia completa de la Real Cartuja aunque no se conservan esos documentos. Hoy su sello en el complejo, en el que también habitaron Chopin y la escritora George Sand, exhala jovellanismo por sus poros. Su legado está en Mallorca y la historiadora Concepción Bauza lo confirma cuando dice: «Siempre, absolutamente siempre, que estudiamos arte o historia en Mallorca tenemos que acudir a Jovellanos como referente».





