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BMW irrumpe con Kubica
El polaco consigue su primera 'pole' ante Ferrari y McLaren con Fernando Alonso en décima posición

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Sentado en su campamento, una pinta de cerveza rubia en la mesa, las gafas ondulantes sobre una nariz poco prominente, Mario Theissen completaba su obra. Un destacamento de cámaras, micrófonos y libretas esperaba sus reacciones al otro lado del seto. A esa hora de la tarde, no había otro protagonista en el 'paddock' de la Fórmula-1 que el corral de BMW. Kubica logró la 'pole' en el desierto de Bahrein. A su vera, el tenderete de Renault estaba medio vacío. La Prensa es el termómetro del éxito. Fernando Alonso saldrá décimo hoy.

Robert Kubica tiene un aire desgarbado, estética polémica, un Julio Salinas con el balón en los pies. Nativo de Cracovia, la cuna de Juan Pablo II, proviene de un país sin ninguna tradición en la Fórmula-1. Un autodidacta que se enganchó a este deporte por la visión de una carrera de coches teledirigidos que sorteaban botellas de plástico.

Luego se encariñó con un kart y el capricho le salió caro a papá Kubica, porque el chaval se empeñó en hacer camino entre gasolina y tuercas y emigró a Italia a la escuela del karting. Vida paralela con Fernando Alonso, emigrante, nacido en un país clandestino en F-1.

«Robert era el mejor en los karts -cuenta el piloto español-. Era mejor que los de su generación, Hamilton y Rosberg. Los ganaba siempre. Así que es normal que también los empiece a ganar aquí». Alonso conoce bien la historia del polaco, uno de sus mejores amigos en la F-1 y contrincante de mesa en el póker. Kubica llevaba días mortificándose por su error en Australia, que le costó la 'pole'. Ayer lo consiguió. Un guiño para dar la razón a los que confían en su talento.

Uno de ellos es Mario Theissen, el de la cerveza. El patrón de BMW. Identificable por alemán al 100%. La pregunta llega fresca a su mesa y a su pinta. ¿Cuál es el secreto de BMW? «Un 10% de inspiración y un 90% de preparación». Primera barrera a cualquier atisbo de fantasía. Segunda tentativa. Al menos queda la evidencia de que Alemania puede sobrevivir en primera línea a la retirada de Michael Schumacher. «Bueno, ese es su mensaje. No es el mío».

Alemania total. Sonoras risotadas en el campamento BMW, abrazos rotundos de gran hermano oso, empleados de dos metros de alto y espaldas de cincuenta centímetros, palmetazos estruendosos al chocar los cinco y exhibiciones de ese estilo. «Paso a paso -comenta Theissen-. Primero hacer una buena carrera y luego pensar en ganar».

Un invitado más

El tercer invitado a la fiesta de un Mundial diseñado para los transatlánticos de Ferrari y McLaren. BMW es el resultado de la fusión-absorción del antiguo entramado de Peter Sauber, uno de los históricos de la F-1 que vendió su terreno al gigante alemán de la automoción. Durante meses se dijo que Theissen era el hombre más ocupado de la Fórmula-1 por integrar dos estructuras en una única fábrica. En su tercer invierno, saborea el éxito.

La primera 'pole' de BMW y Kubica llegó después de un severa dieta del polaco, que ha perdido siete kilos en siete semanas, a base de voluntad y lechuga. Una sesión que ratificó por tercera vez que el paquete aerodinámico que prepara Renault para Alonso y Piquet en Montmeló debe inocular alguna pócima mágica, además de las mejoras técnicas para el paso por curva y la velocidad punta. Fernando Alonso se clasificó décimo, pasándolas canutas en cada corte, al borde siempre de la eliminación.

Se clasificó por los pelos en la segunda crono, luchando a brazo partido contra un superviviente como Barrichello y en dura competencia contra los de su pelotón, Glock, Webber, Nakajima y demás. «Me alegro por Robert, porque es bueno para el espectáculo y porque rompe con la monotonía de Ferrari y McLaren, pero la entrada de BMW es una mala noticia para mí -dijo Alonso-. Ahora ya sólo puedo quedar séptimo, porque hay seis coches en otro planeta delante del Renault». ENVIADO ESPECIAL

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