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Los despistes se pagan
El Sporting se adelantó tres veces, pero careció de contundencia defensiva en los minutos finales de cada tiempo

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Una jornada menos, tres goles y sólo un punto más. El Sporting no supo ganar. Le faltó contundencia y agresividad, además de concentración para saber que los partidos duran 90 minutos. El de ayer estaba ganado, pero los rojiblancos no supieron aguantar en los minutos finales de cada tiempo.

El encuentro se afrontó con un ambiente excelente, aunque sin superar el récord de asistencia de hace dos jornadas. Preciado aplicó el último ensayo, con Omar en una posición de enganche, mientras que el conjunto catalán presentó la innovación del portero, al sacrificar al internacional sub 21 Roberto, así como a Tortolero, por los últimos fallos.

El encuentro no pudo empezar mejor para los rojiblancos, porque una mano de Campano, a los dos minutos, originó el penalti que indicó el asistente de Bernabé. Bilic inauguró el marcador con un extraordinario trallazo, imposible para el portero Rubén.

La tranquilidad llegó a las filas sportinguistas, ante un rival que mostraba su calidad individual para inquietar a la zaga gijonesa. El gol en contra obligaba al Nástic a asumir el peso del partido, mientras que los gijoneses podían utilizar el juego que más les gusta, para superar al rival en el contraataque.

El equipo de Preciado realizaba una fuerte presión, con el objetivo de no tener peligros en su área, pero se olvidó de 'matar' el partido, sobre todo con un rival que ofrecía lagunas en su faceta defensiva.

El peligro de Maldonado

El Nástic se basaba en el marrullero Abel Buades en el centro del campo, ante un Medina que se distinguía por ser el recuperado. El peligro llegaba por Maldonado. Con razón lo quiere Emilio de Dios para la próxima temporada, si es que su ficha es asumible. Canella lo pasaba mal y arrastraba a Iván Hernández, que bastante tenía con el senegalés Diop.

Las intenciones del conjunto catalán eran claras. La estrategia y la internada individual, con Maldonado o Jandro, para buscar la cabeza de Moisés, que tenía su lucha particular con Jorge. El delantero del equipo tarraconense le echaba teatro al juego, con la pasividad arbitral.

El Sporting tranquilizaba en exceso el encuentro, pese a que el rival apretaba. Los últimos diez minutos de la fase inicial fueron de desconcierto, por la falta de serenidad para aguantar el balón. Y en una falta llegó la igualada, cuando se rozaba el descanso. Centro de Campano y cabezazo en solitario de Abel Buades, que entró con comodidad, sin que ningún defensor rojiblanco estuviera en su parcela para obstaculizarlo. Se torcía un partido que se había encarrilado muy pronto.

El segundo tiempo empezó con más tensión en las filas rojiblancas. El conjunto de Preciado salió decidido a asumir el mando del juego y a buscar espacios en la zaga tarraconense.

Después de un primer aviso, en una subida al ataque de Sastre, que acabó con un remate a la madera, llegó el segundo tanto de Bilic, en una jugada perfecta entre Luis Morán y Sastre, con un centro pasado en el que el croata, con escaso ángulo, cruzó al fondo de la portería catalana.

Casi no dio tiempo a saborear la ventaja cuando Campano ejecutó una falta directa, por encima de la barrera y por la zona de Roberto, que se vio sorprendido por el tiro del capitán visitante. Nuevo empate y otra vez a empezar.

Los rojiblancos no supieron aprovechar el momento sicológico de las amonestaciones en cascada, tras un piscinazo de Jandro, demasiado descarado. El equilibrio se mantuvo. Los rojiblancos atacaban con poca confianza, mientras que el Nástic salía de su guarida por las bandas.

Preciado retiró a Canella para encargarle a Cámara el marcaje a Maldonado, con la misión de no dejarlo controlar el balón. Mejoró algo con el cambio. También entró Míchel, para dar más potencia ofensiva al equipo.

En uno de los avances llegó el tercer gol gijonés. Bilic centró con fuerza, Jorge toca y Omar se revuelve ante Abraham y Rubén. Otra vez por delante y con un cuarto de hora para aguantar.

Ferrando sacó toda la artillería y encerró a los rojiblancos en su parcela, aunque más por la propia insolvencia defensiva que ayer tuvo el Sporting para sacar el balón de su zona sin contemplaciones. A dos minutos del final entró el rapidísimo Miku, que contribuyó en la jugada final.

Neru entró como central, ya que Gerard no podía. Físicamente acusaba el paso de los minutos. Y llegó la jugada desgraciada, con un centro pasado, con remate de De Carlos que da en Sastre, despista a Roberto y le cae a Moisés, para lograr el empate. En el inicio de la jugada hubo falta a Raúl Cámara, pero el árbitro parecía 'pasota' en muchas acciones, sin que sea el culpable de la inconsistencia defensiva de los rojiblancos.

Lo que parecía una fiesta acabó en decepción, pese a que, pase lo que pase hoy, el Sporting dormirá la semana en ascenso, a diez jornadas de un final complicado. Lo bueno es que los rojiblancos dependen de sí mismos, aunque hay que ser más duros en defensa. Marcar tres goles en casa y no ganar es para dar más de un tirón de orejas.

mrosety@elcomerciodigital.com

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