Desde su llegada al grupo, en 1993, Astals ha desarrollado una política basada en dos pilares. Por un lado, el crecimiento desde la diversificación y la innovación. Por el otro, la constitución de una nueva sociedad en CAPSA, donde la cooperativa mantenga una mayoría, pero con la participación de otros socios como los franceses de Bongrain o las cajas asturianas. «Somos una empresa importante pero nuestro peso se irá diluyendo en el mercado si no apostamos por crecer. Sin alianzas no hay futuro», advirtió Astals.
Uno de los principales problemas a los que se enfrenta el grupo es la existencia de unos 6.500 ganaderos pasivos que tienen capacidad para decidir el futuro del grupo pero sin estar implicados directamente en la actividad.
Frente a las propuestas de Astals de seguir creciendo, una parte de los socios cooperativistas han mantenido su apuesta por seguir en solitario, lo que ha dejado en el camino iniciativas como la posibilidad de una unidad de acción con otros grupos cooperativos como Iparlaten en el País Vasco o Leyma en Galicia. Además, en los años noventa se gestionaron proyectos con otros grupos industriales lácteos, como Puleva o Pascual, sin que las negociaciones pasaran de una primera fase.





