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El caso Mari Luz y la delincuencia sexual
06.04.08 -
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POR desgracia, con cierta frecuencia se producen casos en nuestra sociedad que llaman la atención en los medios de comunicación y generan una gran alarma en la sociedad. Se trata de los delitos contra la libertad sexual, en especial agresiones (violaciones) o abusos, en algunas ocasiones, además, con resultado de muerte de las víctimas. Un ejemplo es el caso de Mari Luz, la niña de Huelva de cinco años que, presuntamente, sufrió abusos sexuales y fue encontrada muerta. El acusado del posible homicidio ya tenía antecedentes de otros abusos sexuales contra su hermana, su hija y otras niñas, y actuó, de nuevo, con el apoyo de familiares cercanos, caso de otra hermana y de su propia mujer.

En relación con este asunto, se me viene a la memoria el primer caso que tuve, en el año 1975, como médico forense, en el Juzgado de Instrucción de Pola de Laviana. Un padre había abusado de dos de sus hijas de cinco y ocho años. A la primera, le había efectuado tocamientos, mientras que a la segunda, había intentado penetrarla produciéndola grandes desgarros e, incluso, uno muy importante recto-vaginal. Por todo ello, la menor tuvo que ser ingresada en el Hospital de Riaño (Langreo). De ahí partió la denuncia que puso al descubierto todos los hechos, que eran reiterativos, y todo ello con el beneplácito de la madre de las niñas. A partir de entonces, el estudio de la delincuencia sexual ha sido una de nuestras líneas de investigación. Hemos editado varias publicaciones y comunicaciones en congresos, tanto a nivel nacional como internacional.

Una vez concretada la introducción, veo conveniente realizar las siguientes consideraciones:

¿Que factores intervienen en la conducta sexual?

En primer lugar, indicaremos los factores internos. Dentro de este apartado, se encuentran los endocrinos u hormonales. Se sabe que la testosterona (hormona elaborada por los testículos) es liberada por acción del hipotálamo, que, a su vez, segrega la hormona liberadora de la luteizante que estimula la hipófisis y ésta produce la luteizante actuando sobre las células de Leydig, liberando la testosterona.

Se sabe, por diversos trabajos científicos, que la testosterona no influye demasiado en el comportamiento agresivo de un individuo normal, y que se produce a mayor nivel por las mañanas y fundamentalmente en septiembre. Sus niveles más bajos son en primavera, con lo cual nos encontramos que las conclusiones no coinciden con los periodos en que se producen más agresiones sexuales. En nuestro trabajo de 1986 así lo pudimos observar. El mayor porcentaje de estos delitos se producía en las últimas horas de la tarde y noche, y en los meses de primavera y verano.

Otro factor es el neurológico. Para un funcionamiento sexual, como para el resto de las actividades humanas, se precisa de una estructura anatómica y funcional intacta del sistema nervioso. En la conducta sexual intervienen tres niveles, uno la corteza cerebral (lóbulos frontales), que son los que modulan el comportamiento en relación a las normas morales de cada sujeto e inhiben la tendencia de los lóbulos temporales y sistema límbico, que pueden precipitar comportamientos sexuales agresivos. El segundo es el hipotálamo, que se encarga de regir las actividades defensivas y sexuales, y por último, la medula espinal, que regula los reflejos erectivos y eyaculadores. Existen además factores externos, como el aprendizaje, las fantasías sexuales, el abuso de sustancias, etcétera.

En el caso del pedófilo o paidofilo (una parafilia, en la que es necesario para obtener el placer, la utilización de niños), como en el asunto de Mari Luz, se produce un trastorno del instinto sexual, con un conocimiento perfecto de lo que se hace y de su transcendencia. Estos individuos suelen ser reincidentes, ya que su conducta sexual así lo determina, y en ocasiones, no solamente se produce una serie de delitos sexuales, sino que pueden asociarse al homicidio bien para eliminar al testigo del delito, bien por que se produce la muerte durante la lucha al resistirse la víctima, o sólo por el placer de matar. Esto último suele darse en casos en que la parafilia va unida al trastorno de personalidad sociopático.

Se habla de la rehabilitación de estos delincuentes, bien con tratamiento psicoterápico, farmacológico e, incluso, con la práctica de castración química. La experiencia nos dice que los resultados positivos son escasos. Se afirma que sólo un 5% llegan a rehabilitarse. En diversas ocasiones, desde 1990, hemos manifestado ya que estos delincuentes tienen muy mal tratamiento y que deberían estar ingresados en algún tipo de institución posiblemente de por vida, o con revisiones adecuadas, ya que incluso la castración química (ya utilizada en EE UU, Canadá y en los países escandinavos, fundamentalmente en Suecia, en la década de los ochenta del pasado siglo) no da un resultado positivo. Esta medida actúa sobre el factor endocrino, inhibiendo la producción de testosterona, pero no sobre el resto de los factores que actúan sobre la actividad sexual y, además, el tratamiento debería efectuarse de por vida, lo que conllevaría a la aparición de efectos secundarios en su salud. Además de ello, habría aspectos legales a tener en cuenta, como es el consentimiento por parte de estos individuos, y aún así, el resultado no sería positivo, ya que no altera las preferencias en la dirección sexual. Por ello, se ha intentado que se utilizaran también tratamientos de psicoterapia de apoyo.

De igual forma, se ha utilizado en alguna ocasión la castración anatómica, es decir, la ablación de los testículos, pero al igual que lo comentado anteriormente, no ha tenido efecto sobre el riesgo de reincidencia.

Desde el punto de vista legal, creemos que éste tipo de delincuentes no deberían de tener ningún privilegio penitenciario, ya que dentro de los centros de reclusión suelen ser personas con buena conducta e integración e, incluso, se apuntan a todo tipo de actividades en relación con su tratamiento rehabilitador con el objetivo de reducir las penas o recibir permisos. Tampoco se les pueden aplicar atenuantes del Código Penal, ya que con ellas, las penas quedan disminuidas, salen antes de prisión, y pueden de nuevo cometer otro delito de las mismas características. Esto sucedió en casos tan llamativos como el de Valentín Tejero. Asesinó y violó a una niña de nueve años en un permiso penitenciario; Pedro Luis Gallego, el violador del ascensor, que tras cumplir dos penas por violación, mató y violó a una menor de 17 años y cometió otras once agresiones sexuales; Antonio Anglés, que estaba en busca y captura por quebrantar una condena, o el monstruo de Machala, que mató a una mujer, tras violarla, después de haber matado y violado a otras ocho mujeres, en Ecuador.

Queremos acabar ésta reflexión sobre el caso de Mari Luz indicando que se debería efectuar un cambio importante legislativo, con una mayor vigilancia de estos individuos y, por descontado, realizar investigaciones tanto de las causas como de la forma de tratarlos.

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