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Ingrid y el fin de las FARC
06.04.08 -

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INGRID Betancourt era una candidata a la presidencia de la República, sin posibilidades de éxito, cuando decidió, junto con su compañera y amiga Clara Rojas, correr el riesgo de aventurarse en una zona del país con alto riesgo de secuestro. No pensaba que sería un rehén interesante para los narcoterroristas de las FARC. Se equivocó. Lleva seis años secuestrada y su estado de salud es muy delicado.

Su marido teme, incluso, que haya fallecido, a pesar del último testimonio de un médico de las FARC, detenido por la policía colombiana, quien asegura que Ingrid está viva pero muy débil al sufrir dos tipos de paludismo, desnutrición, inflamación del hígado, gastritis crónica y el colon irritable. Con doble nacionalidad, francesa y colombiana, esta mujer de 46 años se ha convertido en un símbolo que puede representar el principio del fin de las FARC. Se incrementa el clamor popular por la libertad de Ingrid y de todos los secuestrados.

La movilización de los colombianos es un elemento primordial para pensar en una solución a un grave problema que ha ido evolucionando en los últimos años desde la denuncia de la injusticia social a la creación de un estado dentro del estado y a la conversión de la guerrilla en una banda de narcotraficantes que extorsionan con los secuestros. Las negociaciones que se han intentado no han dado resultados.

Las ofensivas militares con apoyo norteamericano no han conseguido acabar con unas FARC que disponen de armamento sofisticado suficiente para plantar cara y del apoyo, más o menos demostrado, de los presidentes de Venezuela y Ecuador. Sin embargo, se han convertido en una herramienta envenenada, tanto para Hugo Chávez como, sobre todo, para Rafael Correa tras la muerte del líder guerrillero Raúl Reyes en una base enclavada en suelo ecuatoriano, y la información que contiene su ordenador.

Por cierto, el ciudadano que informó de la existencia de esta base ya ha cobrado su recompensa de cinco millones de pesos, un ejemplo muy tentador que puede hacer mucho daño a las FARC. El presidente francés, Nicolás Sarkozy, ha puesto en marcha, a bombo y platillo, una operación humanitaria para salvar a Ingrid Betancourt. Su vida sirve para despertar la conciencia internacional sobre un conflicto olvidado que se ha cobrado miles y que no debe costar ni una más. Por eso, todos deberían trabajar más para acabar con el problema que para utilizarlo en su propio beneficio a costa del pueblo colombiano.

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