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OPINIÓN EDITORIAL
El legado de Clarín
06.04.08 -

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LA situación en que se encuentra el legado de Leopoldo Alas y Ureña, Clarín, resulta asombrosa dada la importancia de la figura del escritor y el valioso patrimonio conservado por su familia, a través de tres generaciones, desde el año de la muerte de Clarín, en 1901, hasta nuestros días. La indiferencia mostrada por las instituciones públicas asturianas, en la etapa democrática, no es fácil de explicar, ya que tanto el Principado, como la Universidad de Oviedo y el Ayuntamiento de la capital deberían haberse sentido concernidos directamente, máxime cuando los herederos del escritor ofrecieron, en depósito, los seis mil volúmenes de la biblioteca y los manuscritos de Clarín, para ser gestionados de la forma más conveniente para el uso de investigadores y estudiosos, así como para el conocimiento del público en general.

Una parte del legado de Clarín se perdió hace muchos años, fruto de los avatares comunes a tantas herencias y por las convulsiones del siglo XX español, que no facilitaron la conservación de fondos bibliográficos extensos en periodos de privación y urgencias materiales. No obstante, el patrimonio perdido es de mucha menor importancia que el conservado. Parte de los libros que se encontraban en la casa de verano de Clarín, en Carreño, pudieron ser recuperados, junto con el mobiliario de su despacho, y ahora están en la Biblioteca de Asturias. Y lo más importante del legado, transmitido a su hijo Leopoldo Alas, rector de la Universidad de Oviedo, fusilado en el año 1937, fue conservado por su viuda, Cristina Rodríguez, en unas circunstancias sumamente adversas, en plena guerra civil, repartiendo clandestinamente el legado entre casas de familiares y amigos. Gracias a ello se conserva el manuscrito de La Regenta, o cientos de poesías escritas por Clarín, en su juventud, o los apuntes que tomaba a mano de las clases de sus maestros Krausistas en Madrid, como Ginés de los Ríos, Nicolás Salmerón o Adolfo Camus.

Al legado de Clarín, actualmente en manos de su nieta, Cristina Alas, y de los bisnietos, Ana Cristina y Lepoldo Tolivar, se suma gran parte de la biblioteca asturianista y el archivo de Fermín Canella, rector de la Universidad de Oviedo en los tiempos de la Extensión Universitaria, que ha llegado a Cristina Alas, al ser heredada por su marido, el doctor Tolivar Faes, sobrino de Fermín Canella. Todo ese patrimonio cultural se encuentra actualmente ubicado en casas de los descendientes del escritor y en dos cajas de seguridad de una institución bancaria. Cuando investigadores y estudiosos de la obra de Clarín han querido acceder a los documentos, han tenido que acudir a la nieta del escritor, que de forma generosa y desinteresada procedió a franquear la puerta de su domicilio y enseñar las principales piezas del legado.

La salida a una situación tan atípica viene brindada por los propios herederos de Clarín, que han ofrecido al Principado, a varios ayuntamientos, y a la Universidad de Oviedo, la posibilidad de ceder en depósito las seis mil piezas que componen el fondo bibliográfico y manuscrito familiar, siempre que se alojen en un espacio digno y sea atendido por personal competente. La postura de la que parte la familia no puede ser más desinteresada, ya que no pide ninguna contraprestación económica, cuando el legado de Clarín podría ser tasado, por encima de los dos o tres millones de euros, en una valoración a la baja. De hecho, alguna universidad americana ya les ha hecho llegar una oferta importante, aunque los herederos tienen la firme voluntad de no vender el legado.

En los últimos días, la Consejería de Cultura se ha puesto en contacto con los herederos del escritor para iniciar conversaciones. No es la primera vez que surgen olvidos o malos entendidos con patrimonios valiosísimos en manos de particulares, que las instituciones asturianas no supieron resolver. Ahí está el caso del patrimonio de Severo Ochoa, el asturiano más universal de todo el siglo XX, o del Tabularium Artis Asturiensis, que sigue en vía muerta años después de morir su fundador, Joaquín Manzanares.

El Principado tiene que impulsar un proyecto que dé estabilidad material y jurídica al legado de Clarín, creando una fundación y habilitando una casa museo, como espacio físico donde debe estar inventariado y expuesto el legado, abierto al trabajo de investigadores y susceptible de ser visitado por el público en las condiciones que se convengan. Ni que decir tiene que el Ayuntamiento de Oviedo debería participar en esa fundación, porque Clarín fue miembro de su corporación municipal y su principal obra literaria, La Regenta, tiene un carácter identitario para la ciudad. La Universidad de Oviedo no puede quedar al margen de ese proyecto, porque Clarín fue uno de sus más destacados profesores en la historia del alma mater. Clarín es el ideólogo del llamado 'grupo de Oviedo', que lleva a la vanguardia universitaria a la institución académica. El campo de conocimiento de Clarín desborda el mundo del Derecho para estar al tanto de todas las novedades que se producían en Europa. Por grande que sea su talla como novelista, no lo es menos como sabio, como queda reflejado en su legado.

Hay algunos aspectos que no deberían pasar desapercibidos a las instituciones democráticas cuando se habla del legado de Clarín. En tiempos de recuperaciones históricas, es bueno recordar que la figura y la obra de Clarín fueron víctimas de interesados silencios, que van mucho más allá del impuesto por la dictadura franquista. Durante el siglo XX no se reedita La Regenta, hasta la edición de 1963. El monumento dedicado a Clarín, en el campo San Francisco de Oviedo, conoció la acción repetida de los violentos, algo que no ocurrió con ninguna otra figura de la cultura asturiana. El ejercicio radical de la libertad de expresión, realizado por Clarín, a través de la crítica literaria y la docencia, tuvo un alto coste para él, su obra y su familia, como lúcidamente supo ver su hijo, el rector Alas, horas antes de morir, al afirmar que en él vengaban la memoria de su padre. Recuperar oficialmente el legado de Clarín es una exigencia inaplazable para las instituciones asturianas, tras el meritorio y callado esfuerzo de su familia por reagruparlo y mantenerlo.

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