
El resultado estaba ayer aparcado en el Sablón y, aunque no vinieron los doce que estaban programados, lo hicieron una decena. Con curiosidad la gente observaba esos coches que nacieron hace dos siglos y que conservaban su aspecto original gracias al mimo de sus dueños.
«A todos nos gusta la mecánica y somos autodidactas», explica el organizador de la concentración, Alejandro Santos. «Si tuviéramos que pagar los arreglos que hacemos en los coches supondría desembolsar una millonada», dice. Pero son ellos mismos quienes van restaurando las piezas. Así que, dice Santos, «tener un coche clásico es más creer y querer esa afición que tener dinero». En cualquier caso, «nosotros conservamos coches antiguos porque, a diferencia de los modernos, todos eran distintos». Y así lo corroboraban tres modelos de los 70 creados con una línea totalmente diferente.
No tienen un alto valor económico porque el más caro podría costar «unos 15.000 euros», pero sí tienen un alto valor histórico. Daban fe ayer de ello en el Sablón los Citroën CX Prestige, el BX Sport, el clásico GTI o el mítico Tiburón. Hubo sitio también para un Renault 12 y no faltó a la cita un Jaguar XJS V12. Y así hasta llegar a la decena. El teniente de alcalde, José Balmori, les entregó una placa conmemorativa.





