
La muestra fue muy visitada al coincidir con las fechas centrales de Semana Santa y despertó curiosidad entre parroquianos y turistas, al tiempo que le sirvió al artista para hacer caja tras haber vendido un elevado número de las acuarelas expuestas.
Las maquetas no estaban a la venta y forman parte de un patrimonio cultural inherente a la figura de Paco Lavín. Las principales realizaciones se concretaban en barcos de pesca y en trabajos realizados para promociones urbanísticas de la región, así como en proyectos que fueron contratados por distintas administraciones: Principado de Asturias, Xunta de Galicia, Diputación de León y la Dirección General de Puertos de Cantabria.
Paco Lavín cursó bachiller en el ovetense colegio Auseva, «un centro del que salieron prestigiosos abogados e ingenieros», aunque él se decantó por el dibujo bajo criterios autodidactas. Participó en varios concursos de pintura y terminó estudiando Tecnología de los Alimentos.
En su cabeza bullía «huir de la ciudad» para adentrarse en las calles de un pueblo, pero no de un pueblo cualquiera, porque debía de «ser pequeño y a orillas del mar». Se fijó en el solar patrio de sus antepasados y la elección de Nueva le resultó sencilla. Allí, en consonancia con los estudios realizados, pretendía poner en marcha «una fábrica relacionada con las conservas de pescados».
Tuvo que desechar aquella idea matriz al encontrar una salida laboral en los innumerables encargos que le fueron llegando para el montaje de maquetas, principalmente surgidos de promotores inmobiliarios. Empresarios deseosos de presentar a sus potenciales clientes impresionantes bosquejos de lo que ya se presumía como un inagotable imperio del ladrillo.
Y en esa labor lleva los últimos ocho años, aunque con una gran diversificación entre los clientes. Ahora, quienes con mayor intensidad pican en su puerta son las diferentes administraciones y el sector industrial.
De hecho, en el Aeropuerto Internacional de Dubai, el lugar en el que colocan escaparate las tiendas más caras y exclusivas del mundo, tiene expuesta una pequeña parte de su obra Paco Lavín. Allí, se sitúa una maqueta de «las pasarelas que los aviones utilizan para el embarque de pasajeros y mercancías», que Thyssen fabricó para el Airbus 380 y cuya reproducción a escala confió al artista nuevense. Ese bosquejo, realizado en un modesto taller del valle de San Jorge, «contribuyó enormemente a la compra por parte de los árabes» de las escaleras, llamadas 'finger' en el argot aeronáutico.
Pero de entre sus maquetas, «realizadas con corcho, pasta de moldear, materiales naturales y pintura acrílica», se muestra especialmente satisfecho «de la reproducción de tres puertos cántabros: Colindres, Suances y Pedreña».
Y al final resultó ser cierto que «merecía la pena huir de la ciudad», porque en el entorno rural «cada rincón es un verso, un águila, un huracán y agosto una mentira», como explica un joven poeta granadino: Fernando Valverde.





